El uranio vuelve al tablero energético… pero España se queda fuera.- España cuenta con reservas de uranio en su subsuelo, especialmente concentradas en la provincia de Salamanca. Estos recursos están geológicamente evaluados desde hace décadas y forman parte de una tradición minera que se remonta a mediados del siglo XX. Sin embargo, desde principios de los años 2000 no existe ninguna actividad extractiva activa.
El caso más reciente, y el que más expectación generó, fue el proyecto de Retortillo, promovido por Berkeley Minera España. Considerado el intento más avanzado de reactivar la minería de uranio en el país, quedó paralizado en 2021 tras la negativa del Gobierno a conceder la autorización de la planta de tratamiento, alegando riesgos medioambientales y falta de garantías.
Inversión perdida y oportunidades desaprovechadas
La decisión tuvo consecuencias directas. Según los planes presentados por Berkeley, la mina habría supuesto una inversión superior a los 250 millones de euros, la creación de más de 400 empleos directos y una notable inyección económica en una zona castigada por la despoblación. Además, se estimaba que su producción podría haber cubierto cerca del 60% de la demanda anual de uranio en España durante al menos dos décadas.
En su lugar, el país sigue dependiendo por completo del exterior: España importa entre 1.000 y 1.300 toneladas de uranio al año, a un coste estimado de 80 a 120 millones de euros anuales, dependiendo del precio internacional del mineral. Este modelo implica un doble coste: económico y estratégico.
Hasta 60 millones de ahorro anual… enterrados
Una simulación realista apunta a que, si España lograra sustituir la mitad de sus importaciones de uranio por producción nacional, el ahorro directo podría situarse entre 40 y 60 millones de euros anuales. A eso se sumarían beneficios indirectos como la reducción de costes logísticos, generación de empleo, recaudación fiscal y atracción de inversión extranjera.
En el contexto actual, ese ahorro no es marginal. El precio del uranio se ha disparado desde los 25 dólares por libra de 2020 a más de 85 dólares en 2025, un crecimiento del 240%. Esta subida responde a una combinación de factores: la revalorización de la energía nuclear como fuente libre de emisiones, el impacto del conflicto en Ucrania sobre los suministros desde Rusia y Kazajistán, y el nuevo enfoque europeo hacia la seguridad energética.
Europa apuesta… mientras España bloquea
El contraste con otros países de la Unión Europea es evidente. Mientras España mantiene cerradas sus reservas, Francia ha incrementado la inversión en reciclaje de combustible nuclear y reactivado estudios en antiguos yacimientos. República Checa mantiene en activo su mina de Rožná —la única explotación funcional en Europa durante los últimos años— y estudia su ampliación. Por su parte, Hungría aprobó en 2024 una legislación para facilitar el aprovechamiento de sus recursos en la región de Pécs.
Estos países no ven el uranio únicamente como un componente energético, sino como un activo estratégico dentro del marco de autonomía energética que promueve la UE. España, en cambio, sigue dependiendo al 100% del exterior.
ENUSA: una infraestructura latente
España no solo tiene uranio bajo tierra. También cuenta con una estructura institucional que, en su día, gestionó todo el ciclo nuclear. La Empresa Nacional del Uranio (ENUSA), fundada en 1972, fue durante décadas la responsable de extraer, procesar y fabricar combustible nuclear a partir de recursos nacionales.
En los años 80, ENUSA inauguró la planta de Juzbado (Salamanca), aún operativa, aunque hoy depende exclusivamente de uranio importado. La empresa cesó su actividad minera en el año 2000, coincidiendo con el desplome de los precios internacionales y el endurecimiento de las normativas ambientales. Desde entonces, se dedica a la restauración ambiental de antiguas minas, a la producción de combustible y a servicios técnicos asociados al ciclo nuclear.
Un mapa bajo tierra… y sin uso
Pese a no haber minas activas, el potencial geológico del país permanece intacto. Al menos cinco zonas cuentan con yacimientos identificados: Retortillo y Alameda de Gardón, con permisos tramitados hasta su paralización; Saelices el Chico, antigua mina nacional con reservas pendientes de valoración; Andújar y Cardeña (en Jaén y Córdoba), con antecedentes históricos; la zona de Nisa y Valencia de Alcántara (Cáceres), con indicios en rocas graníticas; y zonas del Pirineo catalán, donde se hallaron vetas en los años 70.
Ninguna de ellas está actualmente en explotación ni en fase de exploración avanzada.
Un debate pendiente en el nuevo mapa energético
La renuncia a desarrollar estos recursos, más allá de las legítimas preocupaciones ambientales, coloca a España en una posición de debilidad estructural. Mientras el contexto geopolítico y económico cambia —y Europa se rearma energéticamente—, el uranio español sigue bajo tierra, sin uso ni estrategia.
El país que durante décadas lideró parte del ciclo nuclear europeo a través de ENUSA hoy opta por la dependencia total. Y con los precios del mineral disparados, el empleo rural necesitado de alternativas y los aliados comunitarios reactivando sus minas, quizá no tarde en reabrirse un debate que parecía cerrado.
🎯 El uranio vuelve al tablero energético… pero España se queda fuera, en tiempodeinversion.com

