Empieza la cuenta atrás para conocer el resultado de la OPA más larga y mediática de la banca española reciente. Tras 17 meses de negociaciones, mejoras y resistencias, el pasado viernes se cerró el periodo de aceptación de la oferta lanzada por BBVA sobre Banco Sabadell, sin que todavía se conozca si la entidad presidida por Carlos Torres Vila ha conseguido superar el 50 % del capital, el umbral que marcaría el éxito de la operación.
Durante esta semana, el mercado vivirá en expectación contenida, pendiente de los datos oficiales que la CNMV publicará el viernes 17 de octubre. Hasta entonces, cualquier indicio o filtración sobre el nivel de adhesión podría mover la cotización del Sabadell, convertido en el centro de atención de inversores institucionales y minoristas.
Una OPA que ha transformado el mercado
Desde que BBVA anunció su ofensiva, en abril de 2024, el efecto en los mercados ha sido notable.
Las acciones del Banco Sabadell se han revalorizado más del 90 %, impulsadas por la expectativa de fusión y por la mejora de su rentabilidad, mientras que las de BBVA han avanzado cerca del 45 %.
En la jornada final del periodo de aceptación, Sabadell cerró a 3,167 euros y BBVA a 15,79 euros, lo que implica una prima del 3% sobre el valor del banco catalán.
Esa diferencia se ha mantenido estable desde que BBVA mejoró su oferta el pasado 22 de septiembre, aumentando su valor un 10 % y ofreciendo una acción propia por cada 4,8376 títulos del Sabadell.
La prima de la OPA terminó el viernes en el 3,06 %, el nivel más alto desde que volvió a terreno positivo en septiembre tras ocho meses en negativo. Desde entonces, la brecha entre ambos valores ha oscilado entre un mínimo del 1,99 % y un máximo del 3,06 %, lo que refleja que el mercado no anticipa una mejora de precio y descuenta un desenlace intermedio, con una aceptación entre el 30 % y el 50 %.
Con los precios actuales, BBVA valora Sabadell en 16.397 millones de euros, frente a los 15.910 millones que capitaliza la entidad catalana, una diferencia que resume el delicado equilibrio de expectativas en esta recta final.
La clave: segunda OPA y dilema regulatorio
El desenlace de esta operación dependerá de si BBVA rebasa o no el 50 % del capital. Si no lo logra, pero alcanza al menos el 30 %, el banco podrá dar por válida la oferta y tendrá la posibilidad de lanzar una segunda OPA en efectivo, cuyo precio será fijado por la CNMV.
El supervisor del mercado ya ha adelantado que, en caso de producirse, publicará criterios específicos para determinar el “precio equitativo”, que servirá de referencia obligatoria.
El propio Carlos Torres ha reiterado que BBVA “nunca pondrá un precio distinto” al de la primera oferta y que cualquier ajuste dependerá exclusivamente de lo que establezca el regulador.
Desde el Sabadell, sin embargo, la interpretación es distinta. Fuentes próximas a la entidad advierten de que una segunda oferta podría suponer un desembolso de unos 12.000 millones de euros, lo que obligaría a BBVA a una ampliación de capital para financiar la operación.
Esa maniobra, según los analistas, podría diluir el valor de las acciones de BBVA y reducir temporalmente la rentabilidad de sus accionistas, algo que el banco vasco quiere evitar a toda costa.
Un proceso que aún puede prolongarse
Si finalmente se activa la segunda OPA, el proceso podría alargarse varios meses. BBVA tendría que elaborar un nuevo folleto informativo, obtener de nuevo autorizaciones de los reguladores y someterse a revisión, aunque no necesitaría nuevas aprobaciones de la CNMC ni del Gobierno, que ya ha impuesto un veto de tres años a una fusión legal entre ambas entidades.
En cualquier caso, el 17 de octubre marcará un hito decisivo. Ese día, la CNMV publicará los resultados oficiales y el mercado sabrá si BBVA ha logrado conquistar Sabadell o si la batalla por el control bancario más relevante de la última década entra en una segunda fase, marcada por nuevas negociaciones, dilemas regulatorios y una elevada dosis de incertidumbre.
El dividendo, el arma silenciosa en la OPA
Más allá del precio y de la prima, el dividendo se ha convertido en la auténtica herramienta de persuasión en esta OPA. BBVA lo ha utilizado como símbolo de solvencia y escala, mientras que Sabadell lo ha defendido como emblema de independencia y fidelidad al pequeño accionista.
El banco presidido por Carlos Torres Vila ha enfatizado que su modelo de retribución mixta —dividendo y recompra de acciones— ofrece mayor sostenibilidad y previsibilidad a largo plazo. En 2025, BBVA ha pagado 0,55 euros por acción, con una rentabilidad cercana al 6 %, y ha destinado 1.000 millones de euros adicionales a recompras. Según su mensaje, la fusión no debilitaría la remuneración, sino que la reforzaría bajo una estructura más diversificada y con beneficios más estables.
En el lado opuesto, el Banco Sabadell ha convertido su dividendo en bandera de resistencia. Con una rentabilidad superior al 7 % y un dividendo extraordinario previsto de 2.500 millones de euros en 2026 —ligado a la venta de su filial británica TSB—, la entidad catalana ha logrado retener la lealtad de sus accionistas minoritarios, que controlan en torno al 40 % del capital.
Esa base, emocional y patrimonial, ha sido clave para sostener la negativa al canje, con menos del 2 % de adhesión entre los accionistas-clientes.
En definitiva, mientras BBVA apela a la visión de futuro y la estabilidad de beneficios, Sabadell defiende la rentabilidad inmediata y la autonomía. El dividendo, más que una retribución, se ha convertido en el lenguaje estratégico con el que ambos bancos buscan ganarse el corazón y la confianza del inversor particular.
🎯 Cuenta atrás en la OPA de BBVA sobre Sabadell: resultado, escenarios y batalla del dividendo, en tiempodeinversion.com



