Montar un family office propio es una aspiración habitual entre grandes patrimonios, pero la realidad es más compleja de lo que parece. La falta de talento especializado, el difícil acceso a las mejores inversiones y una curva de aprendizaje que puede durar años convierten este proceso en un reto costoso. Antes de apostar por una estructura propia, conviene entender el verdadero precio de gestionar el patrimonio desde cero.




