Seguridad alimentaria: ¿Tienen cabida las prácticas sostenibles y ecológicas?

por | 10 Ago 2022

La seguridad alimentaria y la sostenibilidad pueden ser dos caras de la misma moneda

Mientras la guerra de Ucrania hace estragos, Europa y el mundo se enfrentan a retos de seguridad alimentaria que alcanzan niveles de crisis. Los críticos de la sostenibilidad exigen una política moderada para ayudar a superarla.

Por ejemplo, en marzo, el actual presidente francés, Emmanuel Macron, cambió su narrativa para el sector agrícola reenfocándose en la «independencia agrícola», priorizando la productividad sobre los objetivos de la agricultura sostenible en el Acuerdo Verde de la UE para hacer frente a una Europa posterior a la guerra de Ucrania. Macron puso en tela de juicio la estrategia «de la granja a la mesa» de la UE, afirmando que «Europa no puede permitirse producir menos». La opinión de Macron refleja el fuerte impacto negativo que el aumento de los precios de productos básicos, como la soja, el trigo y el maíz, ha tenido en la asequibilidad y la seguridad alimentaria. Y estos amenazan con frenar el impulso que se ha dado en la última década a la estrategia sobre sostenibilidad de Europa. Pero, ¿es esto necesario?

¿Tenemos un problema de seguridad alimentaria?

Ucrania y Rusia juntas son responsables del 30% de las exportaciones mundiales de trigo. Según la Comisión Europea, la disminución de exportaciones de grano de Ucrania conlleva que haya que conseguir sustituir hasta 25 millones de toneladas de trigo en la temporada actual y en la siguiente. Dado que la mayor parte de las exportaciones de trigo se concentran en la segunda mitad del año, esta escasez de suministro no hará más que aumentar en los próximos años, a medida que los campos agrícolas y el ganado ucranianos sigan siendo devastados por los ataques rusos.

Además de los cereales, Europa también importa semillas oleaginosas de Ucrania y fertilizantes y gas natural (necesario para fabricar abonos) de Rusia. El aumento del déficit ha provocado un fuerte incremento de los precios en los mercados que afecta a la seguridad alimentaria en todo el mundo. Los agricultores sienten el impacto del aumento de los precios de los insumos, el sector ganadero se ve afectado por el aumento de los precios de las materias primas y los consumidores se enfrentan a que los alimentos se vuelvan inasequibles, y a veces no disponibles, en todo el mundo. La inflación de los alimentos en Europa alcanzó el 5,6%, con respecto a febrero de 2021.

Sin embargo, en la práctica, Europa y Occidente tienen un problema de precios y no de seguridad. Aunque la inflación material de los alimentos, agravada por una crisis energética ya prominente, dificulta las cosas, los países desarrollados siguen teniendo suficientes alimentos para sostener a la población. No obstante, todavía hay que pensar en las familias con menos ingresos y más vulnerables, que se verán afectadas por este encarecimiento.

¿Qué soluciones tenemos?

Existen múltiples alternativas para abordar la seguridad alimentaria y la asequibilidad de las poblaciones vulnerables en Europa y en el resto del mundo. Por ejemplo, la Comisión Europea recomienda el uso de políticas sociales como la reducción de los tipos de IVA y el uso del Fondo de Ayuda Europea para los más desfavorecidos. También prevé utilizar fondos de apoyo extraordinarios para los agricultores vulnerables y el sector ganadero y pesquero. Pero estas medidas son temporales y no garantizan la seguridad alimentaria a medio y largo plazo. Por eso vemos que la voluntad política de la mayoría de los Estados (como Francia) se inclina por aumentar la autosuficiencia en términos de mayor producción y mayor productividad mediante el uso de fertilizantes.

¿Tienen cabida las prácticas sostenibles y ecológicas para garantizar la seguridad alimentaria?

Mejorar la seguridad alimentaria no tiene por qué hacerse a costa de la sostenibilidad. Uno de los mayores debates ha sido el de si hay que abandonar los objetivos de la UE de reducir el 20% de los fertilizantes y el 50% de los pesticidas para 2030. Pero gran parte de los fertilizantes se importan de Rusia, al igual que el gas natural, por lo que continuar con este plan de reducción puede contribuir a aumentar nuestra independencia. La inversión en tecnología agrícola y en fertilizantes biológicos puede suplir la falta de aumento de la producción sin efectos perjudiciales para el medio ambiente. Los productos biológicos, fabricados a partir de materiales vivos o naturales, llevan mucho tiempo siendo promocionados como una alternativa a los productos agroquímicos sintéticos. Europa va a la zaga de EE.UU. en cuanto a la adopción de la agrotecnología, y la financiación de la PAC puede ayudar a colmar la brecha financiera. Esto, junto con la posible adopción de cultivos transgénicos, puede reducir considerablemente la necesidad de productos agroquímicos.

La seguridad alimentaria en Europa y en diferentes países/regiones del mundo también puede fomentarse aumentando la diversidad en nuestros platos. Según la FAO, de las 6.000 especies vegetales cultivadas para la alimentación, sólo 9 representan dos tercios de toda la producción de cultivos. Una cuarta parte de las razas de ganado están en peligro de extinción, y sólo un puñado proporciona la mayor parte de la carne, los productos lácteos y los huevos. Más de la mitad de la población de peces están en peligro de extinción. Reorganizar estas industrias y las tierras de cultivo para promover la producción de cultivos alimentarios alternativos y de ganado puede reducir nuestra dependencia de unos pocos cultivos y especies. Las dietas basadas en plantas pueden reducir nuestra dependencia de la carne, disminuyendo así nuestra necesidad de industrias asociadas y materias primas como la soja. Las proteínas alternativas, como la carne cultivada en laboratorio, también ofrecen soluciones razonables.

Como consumidores, nuestras elecciones no son menos importantes. Es fundamental que conozcamos los productos que consumimos y su procedencia. Podemos demandar más productos orgánicos y alejarnos de la carne. También debemos optar conscientemente por productos ecológicos y sostenibles y boicotear los que son perjudiciales para el medio ambiente.

Ha llegado el momento de que todo el mundo se una a la lucha por la conservación de la naturaleza y por garantizar la asequibilidad para todos. La seguridad y la sostenibilidad pueden ser dos caras de la misma moneda.

Deepshikha Singh, analista senior de ESG de La Française Sustainable Investment Research

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