TRIBUNA Eloy González de la Peña (iCapital): La Transición americana.-
En los últimos meses los mercados han aumentado su volatilidad, moviéndose al compás de una posible recesión en Estados Unidos.
Se han vivido episodios de especial nerviosismo, más relacionados con las declaraciones de un, por momentos imprevisible, Donald Trump, que con la realidad macroeconómica que atraviesa el país.
Y es que el grado de contundencia de la política arancelaria que finalmente se asiente en el mundo es el factor clave respecto a una potencial recesión.
Los fundamentales económicos estadounidenses apuntan claramente a una reducción de su ritmo de crecimiento, fenómeno que vaticinábamos desde hace meses en iCapital, y que posiblemente se ha consolidado con la desconfianza que provoca una potencial guerra comercial. Así lo confirmaba la Reserva Federal tras su última reunión.
Pero un estricto análisis de los indicadores no permitiría hablar con claridad de una recesión. Financieramente, la curva de tipos norteamericana no ha experimentado un movimiento profundo de inversión de su pendiente, los diferenciales de crédito permanecen estables en niveles que reflejan bajo riesgo de impagos y los propios miembros de la Fed todavía descuentan apenas dos bajadas de tipos para 2025.
La inflación subyacente continúa moderándose, con tasas intermensuales recientes que conducirían a una estabilización adecuada de precios (+2,3%), y los salarios minoran su excesiva revalorización de trimestres anteriores.
El mercado laboral está reajustando los desequilibrios heredados del covid, pero continúa en un estado de salud envidiable, creando de media 194.000 nuevos puestos de trabajo no agrícolas en los últimos tres meses y manteniendo 1,1 puestos vacantes por cada persona desempleada. Si bien es cierto que se trata de magnitudes muy lejanas a los 450.000 empleos abiertos mensualmente y a los 2 puestos disponibles por cada desempleado tras la pandemia, están en línea con los datos de 2019 y no son coherentes con un escenario recesivo.
Los indicadores de confianza, normalmente buenos predictores del comportamiento futuro de la economía, no anticipan un resentimiento grave de su crecimiento, si bien se han deteriorado con los ruidos arancelarios. El PMI Compuesto (encuesta realizada entre los gestores de compras de más de 800 empresas) se mantiene en zona de expansión, el índice de optimismo de pequeñas empresas NFIB muestra una notable mejoría frente a los últimos dos años y solamente los consumidores han mostrado un mayor recorte en sus expectativas sobre la evolución económica.
Por tanto, únicamente si Trump se ciñese estrictamente a sus amenazas arancelarias más exigentes, asumiendo con ello intencionadamente una “transición recesiva” para Estados Unidos, y los países afectados contrarrestasen con medidas equiparables, nos veríamos avocados inevitablemente a una recesión. El coste parece demasiado elevado para el propio Estados Unidos, y los beneficios pragmáticamente cuestionables.
Para evitar que nuestra actividad inversora quede dirigida por miedos hasta cierto punto desmedidos, considero necesario analizar la situación actual desde un enfoque más racional.
Nos encontramos en una fase de negociación, liderada por un presidente de rasgos claramente altivos y dominantes. Si desde su posición de poder traslada, además, estar dispuesto a afrontar consecuencias negativas para su economía con el fin de alcanzar relaciones comerciales que él considera razonables, deja con escaso margen de actuación a sus oponentes negociadores.
Y la obtención de nuevos acuerdos comerciales ventajosos es muy relevante para la Administración estadounidense, ya que financiará gran parte del programa de rebajas fiscales prometido, que fue unos de los pilares de su campaña electoral y que, por cierto, apenas ha vuelto a mencionar en estos primeros meses de presidencia. Posiblemente por no poder concretar su alcance hasta asegurarse de los recursos con los que contará para ello.
Por si no fuera poco, Trump mantiene también una cierta contienda con la Reserva Federal, por considerar que no está flexibilizando suficientemente la política monetaria.
La imposición de nuevos aranceles y los recortes en el sistema público para canalizar el crecimiento hacia el sector privado erosionarán, al menos temporalmente, el dinamismo económico, con lo que unas tasas de interés sustancialmente más bajas ayudarían a amortiguar el impacto.
Una vez más, la estrategia basada en un discurso arancelario más contundente, junto con las turbulencias de consumo, de inversión y bursátiles que conlleva, deja a la Fed en una situación más complicada para mantener los tipos en los niveles actuales.
Por todo ello, la resolución final del proceso de reorganización comercial que estamos viviendo podría no ser tan dramática como en estos días parece, y la recesión menos probable de lo que por momentos pueda descontar el mercado.
Eloy González de la Peña, asesor financiero de iCapital
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