La inteligencia artificial necesita algo más que semiconductores, centros de datos y capacidad de procesamiento: necesita electricidad. Y cada vez más. Al mismo tiempo, las tensiones geopolíticas y la incertidumbre sobre el suministro de petróleo están obligando a los países a replantearse su seguridad energética.
La combinación de ambas tendencias podría impulsar un ciclo de inversión en generación eléctrica, redes, almacenamiento y eficiencia energética que se prolongue durante años, incluso si las tensiones geopolíticas actuales terminan remitiendo.
Esta es una de las principales ideas que desarrolla Pilar Bravo, Head of Business Development de Finaccess Value, en esta entrevista con Tiempo de Inversión PODCAST. Bravo analiza las perspectivas de inflación y tipos de interés, el comportamiento de las bolsas y las oportunidades que identifica en compañías industriales y tecnológicas vinculadas a la transformación energética, a través de estrategias como NSF Energy Enablers.
TdI: ¿Qué escenario está manejando Finaccess Value para el último trimestre de 2026?
Pilar Bravo: Nos encontramos con un escenario de crecimiento macroeconómico moderado, pero resistente. Las expectativas de crecimiento se están revisando al alza tanto en Estados Unidos como en Europa.
Al mismo tiempo, existen importantes tensiones geopolíticas y pocos avances diplomáticos. Los elevados precios del petróleo están impulsando las expectativas de inflación y obligando a los bancos centrales a mantener políticas monetarias más restrictivas de lo previsto.
En paralelo, las bolsas siguen mostrando un buen comportamiento, apoyadas en los resultados empresariales, la resistencia de la economía y el optimismo alrededor de la inteligencia artificial.
También debemos prestar atención a los elevados déficits públicos y niveles de endeudamiento de numerosos gobiernos. Esta situación está generando turbulencias en la renta fija que no siempre se corresponden con la percepción tradicional de este activo como una inversión de menor riesgo.
¿Qué esperáis del Banco Central Europeo? ¿Todavía queda margen para nuevas subidas de tipos?
Los bancos centrales están intentando actuar con cautela y evitar decisiones excesivamente agresivas. Sin embargo, la persistencia de la inflación mantiene abierta la posibilidad de nuevas subidas de tipos.
En Europa existen algunos factores estructurales que tienden a contener la inflación, como el envejecimiento de la población, una mayor propensión al ahorro y unos niveles de inversión relativamente reducidos.
El problema es que el petróleo continúa en niveles elevados y existe el riesgo de que se produzcan efectos de segunda ronda. Es decir, que las subidas de precios terminen trasladándose a los salarios y a otros componentes de la inflación subyacente, dificultando su moderación.
Por eso, consideramos que todavía podría producirse una subida adicional de tipos por parte del BCE.
El conflicto en Oriente Medio está condicionando el precio del petróleo. ¿Hasta qué punto una posible resolución cambiaría el escenario de los mercados?
Es muy difícil anticipar cuándo puede terminar un conflicto de estas características. Hemos visto anuncios de treguas, declaraciones contradictorias y avances diplomáticos que después no se consolidan.
Los mercados terminan acostumbrándose a convivir con determinados conflictos geopolíticos. Lo hemos comprobado también con la guerra de Ucrania.
Desde el punto de vista de la inversión, lo importante es analizar los diferentes escenarios y tratar de identificar las oportunidades que pueden surgir en cada uno de ellos, sin depender de acertar cuándo se resolverá una crisis.
¿Dónde identificáis oportunidades dentro de un mercado energético tan tensionado?
Vemos dos grandes tendencias que pueden impulsar la inversión durante muchos años.
La primera es la necesidad de reforzar la seguridad y la independencia energética, especialmente en Europa. Los conflictos de Ucrania y Oriente Medio han puesto de manifiesto la importancia de diversificar las fuentes de energía y reducir la dependencia de determinados suministradores.
La segunda es el fuerte crecimiento de la demanda eléctrica asociado a la inteligencia artificial y a los centros de datos.
Ambas tendencias apuntan hacia un gran ciclo de inversión en generación eléctrica, redes, energías renovables, energía nuclear, baterías y sistemas de almacenamiento.
Sin energía no hay inteligencia artificial. Para desarrollar toda su capacidad será imprescindible disponer de más electricidad y de unas infraestructuras capaces de suministrarla.
¿Crees que estamos ante un cambio estructural comparable al que provocaron las crisis del petróleo de los años setenta?
Pensamos que existen paralelismos importantes. En los años setenta se produjo inicialmente un shock de inflación y volatilidad, pero una de las consecuencias más relevantes llegó después: una reasignación del capital hacia la eficiencia energética, la diversificación de suministros y la inversión en infraestructuras.
Ese proceso se prolongó durante años y contribuyó a transformar el sistema energético.
Creemos que ahora puede suceder algo similar. Aunque los conflictos actuales terminen resolviéndose, las inversiones destinadas a mejorar la seguridad energética y ampliar la capacidad eléctrica pueden continuar durante mucho tiempo.
Además, existen cuellos de botella estructurales que obligan a modernizar las redes, incrementar la generación y mejorar los sistemas de almacenamiento.
¿Qué tecnologías pueden beneficiarse especialmente de este proceso?
Vemos oportunidades en distintas áreas. La energía solar y la eólica están registrando un fuerte crecimiento de la inversión, pero también será necesario desarrollar otras tecnologías, como la nuclear, y mejorar las infraestructuras eléctricas.
Las baterías y el almacenamiento serán fundamentales para gestionar la demanda de electricidad y dar servicio tanto a los centros de datos como a la movilidad eléctrica.
También destacaría la eficiencia energética. A menudo pensamos únicamente en producir más energía, cuando una parte importante de la solución consiste en consumirla mejor.
Por ejemplo, el aislamiento de los edificios, la mejora de los materiales de construcción o la sustitución de ventanas pueden contribuir a reducir considerablemente el consumo energético.
¿Cómo trasladáis esta visión a una estrategia de inversión concreta?
Una de las estrategias con la que estamos trabajando es el fondo NSF Energy Enablers, un fondo de renta variable global centrado en compañías industriales y tecnológicas que se benefician de la transformación energética.
La estrategia se articula alrededor de cuatro grandes áreas: energías limpias, eficiencia energética, movilidad sostenible y economía circular.
El objetivo es participar en el crecimiento de las empresas que proporcionan tecnologías, equipos y soluciones necesarias para desarrollar el nuevo sistema energético.
No se trata únicamente de invertir en productores de electricidad. También buscamos compañías que fabriquen componentes, mejoren las redes, desarrollen sistemas de almacenamiento o permitan reducir el consumo energético.
El fondo NSF Energy Enablers permite abordar estas oportunidades desde una cartera diversificada de compañías que, en nuestra opinión, están bien posicionadas para beneficiarse del ciclo de inversión en energía.
¿Qué características tiene la cartera y dónde se concentra geográficamente?
Se trata de una cartera de aproximadamente 50 compañías de renta variable global. Estados Unidos representa alrededor del 75% de la exposición, seguido de Europa, con un peso próximo al 16%. El resto se distribuye principalmente entre mercados asiáticos y Japón.
La selección se centra en empresas con posiciones competitivas sólidas, cuotas de mercado relevantes, márgenes operativos positivos y perspectivas de crecimiento de ingresos.
Buscamos negocios consolidados, que ya generan beneficios, en lugar de depender exclusivamente de expectativas de rentabilidad futura.
¿Qué tipo de compañías podemos encontrar en esa cartera?
La diversificación sectorial es importante. Hay compañías relacionadas con los semiconductores y los equipos necesarios para fabricarlos, así como empresas vinculadas al desarrollo de baterías y almacenamiento energético.
También encontramos negocios de energía solar y eólica, como SolarEdge o Vestas, y compañías de eficiencia energética, como ROCKWOOL, especializada en materiales de aislamiento.
Otra parte de la cartera está relacionada con la economía circular, el tratamiento de residuos y la gestión de recursos, donde encontramos compañías como Darling Ingredients.
Estas actividades pueden aportar una exposición diferente dentro de una misma tendencia de inversión a largo plazo.
Por las empresas que mencionas, parece que la estrategia concede especial importancia a la calidad de los negocios.
Exactamente. No buscamos compañías que hayan surgido únicamente al calor de una determinada tendencia de mercado.
La cartera está formada por empresas seleccionadas por sus márgenes, su posición competitiva y sus perspectivas de crecimiento.
Son compañías que ya cuentan con negocios consolidados y beneficios operativos positivos.
Consideramos que esta combinación de calidad empresarial y exposición a distintas áreas de la transformación energética permite participar de una tendencia estructural sin depender de una única tecnología.
¿Qué debería tener en cuenta un inversor interesado en esta temática?
Es importante recordar que estamos hablando de renta variable global y, por tanto, de una inversión que está sometida a las fluctuaciones de los mercados.
El inversor debe informarse, contar con asesoramiento y mantener una cartera diversificada.
Nuestra visión es que la transformación energética puede generar oportunidades de largo plazo, pero eso no elimina los riesgos asociados a las valoraciones, la evolución de los mercados o el comportamiento de las compañías.
La clave está en entender la estrategia y comprobar si encaja con los objetivos y el perfil de riesgo de cada inversor.
👉 Este artículo es informativo y no constituye recomendación de inversión.











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