El Salvador se ha convertido este martes en el primer país del mundo en adoptar bitcoin como moneda de curso legal, que intenta reducir los costes de comisiones por miles de millones de dólares enviados a casa desde el extranjero. El plan encabezado por el presidente Nayib Bukele tiene como objetivo permitir a los salvadoreños ahorrar hasta 400 millones de dólares anuales en comisiones por remesas, en su mayoría enviadas desde Estados Unidos. Solo el año pasado, las remesas a El Salvador ascendieron casi a seis mil millones de dólares, o el 23% de su producto interno bruto, una de las proporciones más altas del mundo.
El presidente del país centroamericano, Nayib Bukele, ha defendido en reiteradas ocasiones esta medida por varios motivos, entre los que destacan la reducción de costes en envíos de remesas para millones de salvadoreños trabajando en el extranjero o, incluso, una oportunidad para proteger a las economías en desarrollo de posibles impactos en la inflación.
El Gobierno lanzará una cartera digital que se llamará ‘Chivo’, sinónimo de ‘cool’ en el país centroamericano. Para fomentar el uso de la criptomoneda entre los salvadoreños, la Administración de Bukele ofrecerá 30 dólares (25 euros al cambio actual) en bitcoin a cualquier ciudadano que se abra una cuenta en la plataforma.
El Ejecutivo comenzó la instalación de 200 cajeros automáticos de bitcoin para convertir la moneda digital en dólares estadounidenses y poder retirarlos en efectivo. Asimismo, las transacciones serán libres de comisiones, según Bukele, quien ha incidido que también habrá 50 sucursales financieras en todo el país para retirar o depositar dinero.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido de los riesgos de adoptar la criptodivisa como moneda de curso legal, mientras que la agencia calificadora de riesgo Fitch considera que la adopción del bitcoin como moneda en el país puede incrementar los riesgos regulatorios para instituciones financieras, incluyendo la posibilidad de violar leyes contra el blanqueo de capitales y financiación del terrorismo.
En El Salvador, muchos ven la medida con confusión y desconfianza, temerosos de que la volatilidad inherente al uso de tokens virtuales sin respaldo físico, que pueden aumentar y colapsar de valor, podría ser peligrosa para la economía y para sus propios ahorros.
Solo alrededor de un tercio de los salvadoreños usa internet y casi un cuarto vive por debajo del umbral de pobreza. La mayoría ha dicho que tiene poca intención de usar los bitcoines, según una encuesta reciente del periódico La Prensa Gráfica.











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