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Ilusión de control: el peligro de aferrarse a las expectativas a la hora de invertir

por | 9 Feb 2022

Invertir no tiene por qué ser tan complejo como a veces puede parecer, pero despierta razonables temores, por los muchos riesgos que hay que identificar, tratar y saber gestionar.

Los mercados financieros han sido desarrollados por personas y, por ello, están sujetos a los riesgos humanos. Uno de los principales riesgos es el deseo de querer controlar el comportamiento de los mismos. Se trata de un deseo sin posibilidad de hacerse realidad, lo que se conoce como “ilusión de control”.

Un claro ejemplo de ilusión de control a la hora de invertir, son los anuncios de las expectativas de comportamiento de los activos financieros. Si un profesional, a final de año, presenta unas previsiones muy precisas, sobre cuál va a ser el resultado de los activos durante todo el año siguiente, por muy bien soportado que esté el análisis, puede pecar de falsa sensación de control. Es decir, dentro de la inmensidad de los mercados financieros, una sola persona puede plantear un escenario a futuro con todo el sentido y pocas fisuras, pero, al final, no es más que eso, una única persona, entre los millones que interactúan en los mercados. Y por ello, la capacidad de control se reduce a cero. Además, a lo largo del tiempo irán surgiendo nuevas noticias, regulaciones o políticas que podrán resultar positivas o negativas para el análisis previo. Por tanto, se corre el riesgo de ir siempre por detrás de los acontecimientos.

El ejemplo de 2021

Presentar unas expectativas de comportamiento para los activos financieros es algo común en la industria de la inversión. Si bien pueden proveer una información enormemente valiosa, también es cierto que, son informes expuestos a ese riesgo de intentar prever lo que va a suceder.

Por este motivo, es importante conocerlos y tenerlos en consideración, pues contar con opiniones diversas es una “obligación” para poder construir una opinión propia sobre el mercado. No obstante, cuando se trata de pronósticos de tan corto plazo, la aleatoriedad puede cobrar un papel demasiado pesado.

A modo de ejemplo, sobre la dificultad de fijar esas expectativas para periodos tan cortos, se presentan a continuación algunas ideas de consenso que se estimaron a finales de 2020 para 2021:

o    Debilidad del dólar. Era casi unánime el pensamiento que preveía que la divisa de EE.UU. iba a depreciarse para finales de 2021. La realidad es que se apreció con fuerza y, en algunos momentos, hasta niveles no vistos desde hacía varios años. Lo que no se pudo controlar fue la aparición de una inflación más fuerte de lo esperado, lo que provocaría este comportamiento de la moneda.

o    Emergentes como ganadores del año. En general, también había bastante convencimiento colectivo de que tanto los bonos emergentes como las bolsas de estos países iban a ser los grandes ganadores del 2021. Sin embargo, entre las muchas cosas que no se podían controlar estaba que el Gobierno de China iba a tomar medidas políticas para regular o controlar ciertos sectores, afectando al apetito por invertir en estas regiones.

o    Preferencia por la renta variable europea. Al igual que las emergentes, las bolsas europeas partían con ventaja, a priori, frente a EE.UU., pensando que Wall Street estaba mucho más caro. Pero, al final, la renta variable norteamericana ganó a la europea. Lo que no se pudo controlar es que las cotizadas estadounidenses se vieran más beneficiadas por el entorno financiero que por el económico.

Esto son simplemente tres de los grandes puntos en los que las expectativas del consenso fallaron de forma estrepitosa frente a la realidad. También hubo otros en los que el acierto fue total. Sin embargo, lo importante no es quién acierta o quién se equivoca, sino cuánto se acierta o cuánto se equivoca.

Para no tener que enfrentarse al grave problema de la divergencia entre las expectativas y la realidad, conviene tener presentes ciertas pautas: en primer lugar, seguir una política de inversión predefinida y construida en función de nuestros objetivos vitales, con colchones de seguridad ante imprevistos, lo que también nos alejará de las tentaciones; en segundo lugar, diversificar, incluyendo en cartera activos que “sabemos” que en un escenario determinado nos van a perjudicar, pero que están ahí para protegernos cuando fallen las expectativas.

Una mala decisión, mal calibrada, puede ser muy dañina para una cartera. Por mucho convencimiento que se tenga en las expectativas, hay que saber poner límites a la hora de invertir, evitando que la euforia o el pesimismo guíen la construcción de la cartera.

 

Amilcar Barrios, responsable de inversiones de Wealth Solutions

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