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Mantener la calma: clave para las carteras

por | 22 Sep 2022

Para los mercados de capitales, 2022 ha resultado ser el peor año hasta el momento desde la crisis financiera de 2008: solo el dólar estadounidense y el petróleo han sido capaces de obtener rentabilidades significativas. No solo las acciones registran pérdidas de dos dígitos desde principios de año, sino que incluso las inversiones orientadas para la estabilidad, como la deuda pública, ya no ofrecían refugio.

Ante la continua incertidumbre, los inversores institucionales tienen previsto seguir reduciendo los riesgos en sus carteras, es decir, rebajar los ratios de renta variable y mantener la duración corta. Las valoraciones tampoco ofrecen ya un colchón de seguridad, dada la subida de los tipos de interés y la tendencia a la recesión. Por tanto, la atención debe centrarse en las empresas con la resiliencia suficiente para un entorno de mercado caracterizado por el aumento de la inflación y el descenso de los datos de crecimiento.



Así, la deuda pública seguirá caracterizándose por una nueva subida de los tipos de interés y un aplanamiento de la curva de tipos. La volatilidad tampoco debería disminuir. Además, existe el peligro de fragmentación, es decir, que los diferenciales de los distintos países se amplíen, sobre todo en la zona euro. No obstante, la situación de los bonos corporativos parece mejor. Especialmente en el high yield, ahora mismo surge la oportunidad de captar altos diferenciales, pero solo con la condición de un riguroso análisis de crédito de los emisores correspondientes.

Escenario principal: recesión moderada

Como escenario central, al que asignamos unas probabilidades del 60%, asumimos una recesión moderada en Europa acompañada de una desaceleración global del crecimiento. Esto también podría provocar un descenso de la inflación el año que viene, aunque sin llegar al nivel objetivo del BCE del 2%. En un entorno así, ¿en qué deberían centrar su atención los inversores?

En cuanto a la renta variable, somos más positivos con los valores de calidad. Es decir, empresas con alta rentabilidad del capital, ventajas competitivas claramente definidas, bajo endeudamiento y una valoración razonable. Y al contrario, deben evitarse las empresas muy endeudadas y dependientes de la energía, como las del sector químico o los valores industriales. Por regiones, Japón y los mercados emergentes tienen mayor potencial de valor que las acciones estadounidenses, que siguen presentando valoraciones elevadas. Algunos temas de inversión ofrecen potencial de ganancias y diversificación, especialmente en un tiempo marcado por la inestabilidad. Entre ellos figura la transformación ecológica, que está cobrando impulso adicional por la necesidad de independencia energética en Europa.



Entre tanto, también se han reducido las valoraciones excesivas de estas empresas. La seguridad alimentaria también ha pasado a primer plano debido a la guerra. Para dar de comer a la creciente población mundial, la producción de alimentos debe aumentar un 60% de aquí a 2050 sin dañar el medioambiente. La necesaria revolución alimentaria ofrece oportunidades de inversión en un sector bastante defensivo. Finalmente, las empresas que brindan seguridad a las infraestructuras informáticas o a los sistemas de pago electrónicos presentan un gran potencial de crecimiento. Y por último, aunque no por ello menos importante, estas temáticas han demostrado una mayor resiliencia, ya que han perdido la mitad de lo que han perdido los índices en lo que va de año.

Por el lado de la renta fija, al subir los tipos de interés, las valoraciones de los bonos de categoría de inversión (investment grade) y high yield han vuelto a ser atractivas. No cabe descartar que los diferenciales se amplíen aún más, lo que comportaría pérdidas. Pero históricamente, el inicio de una recesión siempre ha sido el mejor momento para empezar a entrar gradualmente en el mercado high yield. Los diferenciales actuales ofrecen un 85% de probabilidades de una rentabilidad positiva cercana al 8%, calculada a partir de datos históricos computados. Al menos los bonos high yield son un modo de limitar la erosión del capital según nuestro análisis. El carry es el quid de la cuestión: si los diferenciales se amplían un 2%, lo cual es significativo, el carry compensará totalmente la pérdida de capital (ceteris paribus).

Por otro lado, en el contexto de recesión, la mayoría de las materias primas deberían seguir perdiendo valor. Además del oro o las divisas (CHF, USD), la cartera también puede diversificarse invirtiendo en activos privados, especialmente en capital riesgo (private equity). El capital queda inmovilizado durante un periodo más largo y es posible que haya minusvalías mientras tanto, pero una vez superada la crisis, existen atractivas oportunidades de rentabilidad.

Como conclusión, todavía no vemos el momento de asumir un riesgo considerable. Para ello, la inflación tendría que tocar techo, el final del ciclo de subidas de los tipos de interés de los bancos centrales debería estar próximo, la curva de tipos tendría que estabilizarse y los indicadores del mercado importantes tendrían que tocar fondo. Dependiendo del alcance de las correcciones del mercado, empezaremos a acumular gradualmente posiciones en activos de riesgo como renta variable y bonos high yield. En este contexto, recomendamos seguir adelante y, por supuesto, no perder la fe. 2023 podría parecerse, quizá, a 2009.

Laurent Denize, director de inversiones de ODDO BHF AM

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