¿Puede la inversión de impacto resistir el auge del gasto en Defensa?. El auge de la inversión sostenible, por una parte, y la inversión de impacto, por otra, han marcado un cambio profundo en la forma de asignar capital. Cada vez más inversores —institucionales, particulares e incluso gobiernos— han empezado a priorizar empresas y proyectos que no solo generen rentabilidad, sino que también contribuyan a un desarrollo más justo, inclusivo y responsable con el planeta y la sociedad. Sin embargo, este modelo enfrenta hoy una prueba de resistencia.
En un momento en que los flujos de capital se redirigen hacia sectores ligados a la seguridad y la defensa, y los gobiernos europeos reordenan sus prioridades presupuestarias, la inversión de impacto se enfrenta a uno de sus mayores desafíos desde que empezó a consolidarse como estrategia con identidad propia.
La escalada de tensiones geoestratégicas, la fragmentación del orden global y el repunte del gasto militar están modificando rápidamente las prioridades en muchas economías. El rearme de Europa, la guerra en Ucrania, la tensión en Oriente Próximo o la pugna entre EE. UU. y China están desviando recursos públicos y privados hacia el sector defensa.
¿Tiene futuro el Impacto en un mundo que prioriza la Defensa?
En este contexto, ¿puede la inversión de impacto sobrevivir —y crecer— en tiempos de guerra?. Pablo Martínez Arrarás, socio fundador de iCapital y referente en el asesoramiento a inversores institucionales y religiosos, ofrece una lectura crítica del momento actual, junto con un mensaje de confianza a largo plazo.
Durante años ha defendido una visión patrimonialista basada en el bien común, la sostenibilidad y la coherencia entre valores y decisiones financieras. En sus intervenciones ha destacado el papel transformador de la inversión de impacto, la necesidad de procesos rigurosos y transparentes de desinversión, y la responsabilidad de las instituciones religiosas para liderar un modelo económico más ético y humano.
“Llevamos más de un año viendo cómo la atención de los gobiernos —y, por extensión, de parte de los inversores— se desplaza hacia la seguridad y el rearme”, advierte. Una comparación resulta especialmente reveladora: “En 2023, Mario Draghi propuso un plan de inversión para reforzar la competitividad europea por valor de 800.000 millones de euros. Este año, esa misma cifra se ha destinado a Defensa… y en apenas cinco semanas de negociaciones”.
Pero el giro no es solo simbólico. Según Martínez Arrarás, los fondos destinados a inversión social y cooperación están quedando desplazados. Un ejemplo especialmente ilustrativo: “La desaparición del programa USAID en Estados Unidos, que canalizaba 17.000 millones de dólares hacia proyectos de impacto global, es un retroceso claro en un ámbito que debería ser prioritario”.
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Resistencia y compromiso a largo plazo
Pese a este entorno cambiante, Martínez Arrarás no vislumbra un colapso de la inversión de impacto. Al contrario: confía en la resiliencia de sus actores más comprometidos.
“Las instituciones religiosas, con siglos de trayectoria, no van a modificar su enfoque por una coyuntura pasajera. Tampoco las familias que invierten pensando en su legado. Su compromiso con el impacto positivo está por encima del corto plazo y de la rentabilidad inmediata”, asegura.
Reconoce, eso sí, que el ecosistema de impacto en España aún es joven, pero destaca su solidez: “Tenemos un entorno del que sentirnos orgullosos: hay gestoras especializadas, profesionales muy cualificados y una sociedad cada vez más concienciada”.
Un futuro con luces y sombras
Aunque todavía no se ha producido una interrupción significativa en la llamada financiación catalítica —aquella que el sector público destina para atraer inversión privada a proyectos de impacto—, Martínez Arrarás detecta ciertos signos de ralentización. “Algunos promotores están tardando más de lo habitual en cerrar acuerdos con el Fondo Europeo de Inversiones”, indica.
Al mismo tiempo, se muestra consciente del creciente interés de los inversores privados por los fondos ligados a la defensa y la ciberseguridad. “Desde 2023 observamos flujos intensos hacia estos sectores, tanto desde inversores institucionales como de empresarios y familias. La evolución bursátil de algunas compañías relacionadas con el armamento lo deja claro: en pocos meses han llegado a triplicar su valor”, señala.
En resumen, Martínez Arrarás alerta de un entorno más exigente para la inversión con propósito, pero no duda de su continuidad: “Esto es una piedra en el camino, no una rendición. La inversión de impacto ha venido para quedarse”.
🎯 ¿Puede la inversión de impacto resistir el auge del gasto en Defensa?, con Pablo Martínez-Arrarás (iCapital), en tiempodeinversion.com










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