La inversión en tiempo de formación es exponencial en resultados
Me preguntaban mis hijos con 10 o 12 años (ya pasan los 20) cuando caminando por la calle veían a alguien pidiendo limosna, por qué no fabricar dinero para todo el mundo, repartirlo y así no habría gente pobre, ni pidiendo.
Tratando de ponerme en su lugar y en ese cerebro en crecimiento, les dije que, si el dinero fuese gratis, nadie querría trabajar para producir y fabricar cosas, tales como los alimentos, coches, casas… pues el dinero era gratis.
Les expliqué que el dinero era la manera de darle un valor a los bienes y poder intercambiarlos por otros. Por lo tanto, el que produce o crea algo, siempre se esfuerza por hacerlo mejor y pedir más dinero a cambio, para luego poder adquirir otras cosas que necesita a otro fabricante con ese dinero, y así, sucesivamente, se genera una rueda que no para de girar. Si nadie trabajase y el dinero fuese gratis, no habría productos. ¿Para qué producir?
En ese momento no se me ocurrió otro símil más sencillo, pero ellos lo entendieron, pues hoy en día me lo siguen recordando.
Por qué la educación financiera debería empezar en el colegio
Desde siempre, y sobre todo desde que tuve hijos, he visto muy claro que una formación básica en el ámbito financiero –a ser posible desde el colegio– facilita muchos problemas y situaciones futuras que nos vamos encontrando en la vida actual.
Los clientes a los que he asesorado todos estos años tienen distinta procedencia social, distinta formación académica y distintas profesiones: empresarios de todo tipo, abogados, notarios, herederos, constructores, médicos… y la mayoría la primera premisa que ponen encima de la mesa a la hora de tomar decisiones de inversión es: “no quiero riesgo“, “este o aquel producto, ¿no será muy arriesgado?”
Las finanzas no son una ciencia exacta, pero el riesgo sí se puede gestionar
Como economista y después de 28 años dedicándome a la asesoría financiera en distintas entidades especializadas, siempre he tratado de trasladar a los empresarios, familias y distinta tipología de clientes, que las finanzas y la economía son todo menos una ciencia exacta: hay muchas variables que generan incertidumbre, pero el riesgo en las inversiones se puede gestionar, aunque no eliminar del todo, y que es precisamente el hacer una buena gestión del riesgo lo que nos puede dar grandes rendimientos financieros.
Mucha información, poca base: el retroceso silencioso en cultura financiera
Afortunadamente hemos avanzado mucho en cultura financiera, pero –al menos es mi parecer– en los últimos años, con el exceso de información de internet, de las redes y el desarrollo y popularización de la inteligencia artificial, hay un retroceso generalizado en esforzarse por tener unos conceptos claros, unos pilares básicos para poder “poner a trabajar” un ahorro o un dinero que no necesitemos para nuestros gastos básicos (sean 100 euros o millones).
A mis clientes siempre les digo que el resultado final de las inversiones viene, por una parte, motivado por la ciencia –análisis de probabilidades– y por otra, por el comportamiento humano y la gestión de la incertidumbre.
Los conceptos clave que todo ahorrador debería entender
Es necesario manejar conceptos básicos como inflación, deuda pública, deuda privada, riesgo emisor, riesgo de crédito, liquidez de un producto, tipos centrales de interés, TAE… o algunos un poco más complejos como tasa de descuento, prima de riesgo, tipo de interés libre de riesgo, duración, diferenciales de crédito, volatilidad, TIR…
Es también necesario tomar decisiones financieras adaptando los conocimientos al momento económico, político y social que vivimos, y al tipo de inversor emocional que soy.
Y es necesario saber que el riesgo de todos los activos financieros es medible y cuantificable. Y que, si no es posible eliminarlo totalmente, sí que es posible mitigarlo.
Más allá de los test de idoneidad: la responsabilidad del propio inversor
Es cierto que las pruebas de idoneidad y de conocimiento a las que obligan los distintos interlocutores financieros y los reguladores nacionales y supranacionales ayudan a delimitar la tolerancia al riesgo y los productos a los que puedo acceder como inversor, pero la experiencia dice que cuando hay años malos de mercado, lo anterior actúa más como una protección legal para la entidad o asesor financiero, que como una protección efectiva para el cliente y su patrimonio.
Formarse para decidir mejor: financiación, ahorro e inversión a lo largo de la vida
Es por esto, que además de intentar escoger un profesional y una entidad transparente y honesta en sus recomendaciones, debamos, como ciudadanos ahorradores e inversores, intentar formarnos mínimamente en los conceptos financieros que nos ayuden: desde cuándo y cómo pedir una financiación, hasta cómo invertir para los estudios de nuestros hijos o sacar una rentabilidad extra a los excedentes de mi empresa.
La formación continua y comprender los avances y tendencias del mundo tan disruptivo que nos rodea, nos hará tomar mejores decisiones y llevarnos menos sorpresas negativas.
🎯 Tribuna de Julio Martín (iCapital): Cultura financiera, el riesgo, en tiempodeinversion.com






































































































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