Inversión value: más de lo que parece

por | 13 Sep 2021

La inversión en value consiste, en gran medida, en la reversión a la media y en explotar los sesgos de comportamiento de los mercados que llevan a que las acciones estén mal valoradas. Los mercados bursátiles son imperfectos y, con el paso del tiempo, algunas empresas caen en picado y se valoran más barato que su valor intrínseco. Cuando su valoración vuelve a la media, los inversores ganan dinero. Pero, ¿qué evoca la frase “acciones value”? Quizás un banco o una empresa energética: muchas de las empresas de estos sectores cotizan con valoraciones bajas. Sin embargo, el conjunto de oportunidades va mucho más allá. Actualmente, vemos varios “perfiles” diferentes de value escondidos a plena vista en los mercados.

Valor oculto en Japón

El lento crecimiento económico de Japón y en ocasiones, su pobre historial de rentabilidad para los accionistas, ha llevado a algunos inversores a despreciar lo que podrían ser potenciales oportunidades. Hemos analizado un gran número de empresas en Japón y creemos que hay algunas joyas ocultas que no son apreciadas por el mercado en general. Es más, los factores potenciales de estos valores son independientes de los tipos de interés, la inflación u otras expectativas macroeconómicas. En particular, buscamos empresas con balances sólidos, con margen para que las valoraciones se reviertan y cuyos equipos directivos estén actuando para mejorar la rentabilidad de los accionistas.

Uno de estos valores es Dentsu, una importante agencia de publicidad de alcance global. El sector de la publicidad en general ha pasado por una época difícil a medida que las plataformas digitales, como Facebook, han crecido en importancia con respecto a los canales publicitarios convencionales. Pero este reto puede ser exagerado y las agencias se están adaptando al nuevo mundo digital. En el caso concreto de Dentsu, destacamos que su sede central es uno de los edificios más valiosos de Tokio y representa alrededor de un tercio de toda la capitalización bursátil de la empresa.

Otro ejemplo es Tokai Rika, especialista en la fabricación de cinturones de seguridad y pantallas electrónicas para automóviles. Esto puede sonar bastante árido y aburrido, dada la enorme innovación que se está produciendo en el espacio del automóvil, pero los coches siempre necesitarán cinturones de seguridad y pantallas, independientemente de que sean de gasolina o eléctricos.

Un tercer ejemplo es DeNA, operador de servicios móviles y online, incluidos los juegos y el comercio electrónico. La empresa ha tenido problemas para crear juegos nuevos, pero la llegada de un nuevo director general puede ayudar a cambiar esta situación. DeNA también tiene una licencia para juegos de la marca Nintendo. Se trata de un claro ejemplo de empresa japonesa centrada en la rentabilidad para el accionista: DeNA recompró el 13% de sus acciones en circulación el año pasado, y está en proceso de recomprar otro 8%.

Calidad no reconocida

Los valores de calidad se identifican por características como ingresos fiables y fuerte rentabilidad del capital. Suena bien, ¿verdad? Pero estos valores también pueden caer en desgracia, por todo tipo de razones, y convertirse en oportunidades value. Por ejemplo, las empresas farmacéuticas. Sanofi, GlaxoSmithKline y Bristol Myers-Squibb se enfrentan al obstáculo de patentes (cuando caducan, abren la competencia y se exponen a una potencial y pronunciada caída de los ingresos). Sin embargo, han seguido la fórmula de éxito de otras empresas farmacéuticas, invirtiendo en la reconstrucción de sus líneas de productos, cambiando sus equipos de gestión y contratando a científicos de talla mundial. Puede que les lleve tiempo, pero creemos que pueden descubrir nuevos y efectivos medicamentos.

También hay empresas de calidad en las que los acontecimientos simplemente han conspirado contra ellas. Cerveceras como Molson Coors son un ejemplo de ello. Especialmente en Europa, la cerveza tiende a ser consumida en espacios comunes – bares, eventos deportivos – y por ello las restricciones de Covid-19 supusieron un golpe dramático a la demanda, que no fue totalmente compensado por el aumento en el consumo doméstico. Con el levantamiento de las restricciones, la demanda debería recuperarse.

Y las empresas de calidad pueden dar pasos en falso. Por ejemplo, Bayer es la propietaria de Monsanto, que sigue enfrentándose a un litigio por el herbicida Roundup. Desde el punto de vista de la inversión, los prolongados procedimientos legales están eclipsando los méritos del resto del negocio. Se necesita tiempo y paciencia para que estos asuntos se resuelvan, pero estas cuestiones históricas acaban desapareciendo.

Valores “tortuga”

Otro segmento del mercado que se pasa por alto son las empresas “lentas y constantes”, como los minoristas de alimentación o las firmas dedicadas a las telecomunicaciones. Estas empresas no van a sorprender al mundo con sus tasas de crecimiento, pero podrían resultar ganadoras a largo plazo. Ambos sectores han tenido una década difícil. Sin embargo, pensamos que aquellos que pueden hacer pequeñas mejoras en el crecimiento de sus ingresos y sus márgenes de beneficio, y que se centran en la rentabilidad para los accionistas, pueden ser perspectivas atractivas.

Historias de transformación

Otro grupo es el de las empresas que han sufrido un periodo difícil, también por diversas razones, pero que han tomado las riendas para resolver la situación. Hay muchas oportunidades de inversión atractivas en empresas que se encuentran en diferentes etapas de su recuperación.

Una de las que se encuentra en una fase bastante avanzada de la recuperación es Royal Mail, una empresa con 500 años de antigüedad que sigue operando en una época en la que el mercado se ha centrado en todo lo novedoso y lo digital. El auge de los envíos de paquetes desde la pandemia ha sido, sin duda, una grata sorpresa. Sin embargo, las empresas tienen que estar en condiciones de aprovechar al máximo estos impulsos cuando llegan. Royal Mail ha transformado recientemente su relación con los trabajadores. Creemos que esto puede beneficiar a otras partes interesadas (clientes, accionistas), ya que una mejor relación con los empleados es la clave para promover la eficiencia y el crecimiento potencial de los beneficios.

No descartar el valor “obvio”

Por último, pero no por ello menos importante, volvemos a los ejemplos típicos del value en la actualidad: los bancos y los valores energéticos. Los bancos no han contado con el favor del público desde la crisis financiera mundial, por lo que, en nuestra opinión, el sector presenta una valoración atractiva, incluso con los tipos de interés en los niveles actuales.

Los bancos tienen niveles de capital récord, han pasado una década reduciendo el riesgo y son parte de la solución a la crisis actual, más que la causa, como lo fueron con la crisis financiera. Y si los tipos de interés subieran, eso sería muy positivo para el sector.

El segundo ejemplo de value es el sector energético. Las compañías petroleras se enfrentan a una amenaza estructural bien entendida y significativa por la necesidad de descarbonizar las economías ante el cambio climático. Irónicamente, esto les ha obligado finalmente a actuar de forma favorable para los accionistas. En general, las empresas energéticas están mostrando disciplina en el gasto, centrándose en los costes y devolviendo el capital a los accionistas. Esta es una combinación que, si se considera junto con un posible aumento de los precios del petróleo, podría ser muy atractiva para los accionistas.

Lo anterior no es exhaustivo, pero esperamos que demuestre cómo la inversión en el estilo de valor puede conducir a un conjunto muy diverso de empresas. Un gran número de ellas son historias idiosincrásicas cuyas posibilidades de éxito son independientes unas de otras y de variables más amplias del mercado, como la futura trayectoria de la inflación.

Está claro que el value ha tenido una década difícil y que los retos a los que se enfrentan sectores como el de la energía son bien conocidos. Sin embargo, para los inversores que estén dispuestos a mirar un poco más de cerca, y a ejercer un grado de paciencia, creemos que hay interesantes oportunidades por descubrir.

 

Simon Adler y Liam Nunn, gestores de renta variable value de Schroders

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