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¿Qué perspectivas tiene el oro si persiste la inflación?

por | 3 Jul 2023

A medida que los tipos de interés alcanzan su nivel máximo y se avecina una recesión, se espera que el oro siga brillando este año. Analizamos el futuro de los precios del oro y de las acciones de compañías vinculadas con él, y por qué es probable que la demanda siga siendo elevada.

Creemos que los precios podrían mantenerse altos durante el resto de 2023 y que es muy posible que el oro alcance nuevos máximos históricos. Esto podría tener implicaciones significativas para las acciones relacionadas con el oro, que normalmente se valora utilizando un precio a largo plazo más bajo, normalmente cercano a los 1.650/1.700 dólares por onza. A medida que el mercado se sienta más cómodo pensando que los precios del oro podrían seguir subiendo durante más tiempo, la renta variable tendrá un margen importante para revalorizarse.

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¿Por qué pensamos así? Si se avecina una recesión en EE.UU., los bancos centrales podrían verse obligados a relajar la política monetaria antes de lo que lo habrían hecho en ciclos anteriores y antes de que la inflación subyacente esté realmente bajo control. Eso podría significar que la inflación se afiance de una manera más estructural. Desde nuestro punto de vista, los tipos de interés reales bajarán, lo que debería ser positivo para el oro.

Pero en el contexto macroeconómico actual creemos que el argumento clave para el oro debería girar más en torno a la «normalización» general de la política monetaria que a una relación muy específica del precio del oro con los tipos de interés o el dólar estadounidense.


Si se cree que la Reserva Federal puede lograr una verdadera normalización de la política monetaria, las perspectivas para el oro no son especialmente halagüeñas.  Por normalización lo que realmente queremos decir es una vuelta a un mundo en el que los ciclos económicos normales sólo estén regulados por la política monetaria, sin necesidad de que los bancos centrales recurran a la relajación cuantitativa o de que los gobiernos empleen una política fiscal agresiva para apoyar el crecimiento.

Esto nos parece muy poco probable. Son muchas las presiones macroeconómicas a las que se enfrentan los responsables políticos, pero destacan el estado actual de los asuntos fiscales estadounidenses y los elevadísimos niveles de deuda. Podría ser que estas presiones signifiquen que una respuesta política «normal» a la próxima desaceleración simplemente no sea suficiente y se vean obligados a volver hacia respuestas no convencionales (ya sea la monetización directa de la deuda, la reanudación de la flexibilización cuantitativa o programas fiscales directos). Si este es el caso, nos encontramos ante un entorno potencialmente mucho más positivo para el oro.

Desde este punto de vista, el oro es en cierta medida un barómetro de la credibilidad de esas instituciones. Cuanto menor sea la credibilidad de la Reserva Federal, y cuanto más extremas sean las respuestas políticas de los responsables de la política monetaria y fiscal, más fuertes serán los argumentos a favor del oro.

Cada vez es más evidente que la expansión de los balances de los bancos centrales, en particular de la Reserva Federal, no es una medida temporal. Si nos remontamos a 2008, Ben Bernanke hizo absolutamente explícito que la flexibilización cuantitativa y la expansión del balance de los bancos era una medida temporal y que se normalizaría. Unos 9 billones de dólares después, ¿hasta qué punto creemos que es temporal? ¿Qué creemos que pasaría con ese balance en caso de otra recesión? ¿Qué ha ocurrido con el balance en mayo en respuesta a una crisis bancaria regional? Volvió a subir.

Hay tensiones sistémicas subyacentes que realmente hacen que algunas de estas cuestiones a corto plazo sean un espectáculo secundario, siendo el techo de la deuda el más obvio recientemente.

En resumen, si vamos a volver a un régimen de política monetaria normalizada, entonces no hay que preocuparse por el oro. Sin embargo, para perfiles más escépticos, como es nuestro caso, el oro definitivamente ha de tenerse en cuenta, al igual que el complejo de materias primas en general.

James Luke, gestor de fondos de metales de Schroders

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