Crisis Covid-19: La economía española, de las que más sufrirá en Europa

por | 10 Jun 2020

Crisis Covid-19: La economía española, de las que más sufrirá en Europa

Algunos organismos, como el Banco de España, han revisado a la baja sus previsiones económicas para este año que, ya de por sí, eran poco halagüeñas. El BdE preveía en abril que el déficit se puede disparar este 2020 hasta el 11% del PIB y la deuda hasta el 122%. Ahora, sitúan la caída del PIB en dos escenarios que plantean una horquilla del 9,5% al 12,4% en el 2020, mientras esperan que el rebote del año siguiente sea del 6,1 % y el 8,5 %, respectivamente. Su gobernador, Pablo Hernández de Cos, ha señalado que “este año se registrarán previsiblemente los retrocesos del PIB más abultados desde la Segunda Guerra Mundial en el del conjunto de las economías avanzadas y desde la Guerra Civil, en el caso de España”.  Y todos nuestros analistas están de acuerdo en que nuestro país será de los que más sufran la crisis post-Covid.

El catedrático de Economía Aplicada de la UNEDJuan Iranzo, asegura que “la economía española es una de las que más sufrirá la crisis en Europa, puesto que el proceso de confinamiento de la población y de hibernación del tejido productivo ha sido de los más intensos y prolongados en el tiempo. Asimismo, el proceso de relanzamiento de la actividad está siendo lento y confuso; con lo que algunas actividades productivas tan importantes como el turismo, tienen un objetivo muy incierto, puesto que las fronteras están prácticamente cerradas, frente a la apertura de las de nuestros competidores europeos”. Con estas premisas, Iranzo cree que es previsible que el PIB en España se contraiga un -12% en el conjunto del 2020, el paro se acerque al 26% de la población activa, el déficit público supere el -13% del PIB y la deuda publica el 120% del PIB; lo que obligará inexorablemente a demandar Fondos Europeos. “Por nuestras características estructurales y por la profundidad de la crisis, la recuperación en el mejor de los casos se prolongará hasta finales del año 2023, es decir tendría la forma del logo de NIKE”, señala.

Por su parte, Santiago Carbó, catedrático de Economía de CUNEF y Director de Estudios Financieros de Funcas, tampoco es mucho más optimista, aunque apunta una caída del PIB algo menor. “Mis previsiones personales en este momento se mueven en el entorno del 10% de caída del PIB pero aún hay mucha incertidumbre. Va a depender de cómo sea el tercer trimestre. Si no es tan malo como se espera y la industria turística tiene un comportamiento mejor de lo esperado, podríamos ir a un 9% de cada. Pero si el verano es malo o tuviéramos rebrote del Covid-19 en otoño (con medidas nuevamente de confinamiento, aunque fuera más cortas), el impacto sobre el PIB sería más negativo, -12 o -13%. Para Carbó, los sectores con más riesgo son los de los servicios vinculados al turismo y transporte, pero también el comercio minorista y otros servicios al público se ven afectados. “Pero, ojo, advierte, todo dentro de un contexto de caída de toda la actividad. Me preocupa el sector automovilístico también bastante”, concluye.

El economista y profesor del IEBMiguel Ángel Bernal, cree que la caída del PIB español estaría en el entorno del 12% este año. Además, apunta que, siempre teniendo en cuenta para estas previsiones que no haya un rebrote fuerte del Covid-19 en otoño o una crisis de Gobierno, que el déficit público sea demás del 10% y la deuda pública sobre PIB supere el 120%. La tasa de desempleo -vaticina- puede superar el 17%. Para Bernal, las mayores debilidades están, en primer lugar, en la baja productividad nuestra economía. Y luego, apunta directamente a la debilidad del gobierno español que, en su opinión, “se resquebraja por momentos”. “La posibilidad de derogación total de la reforma del empleo y otras medidas absolutamente impropias para el momento en que vivimos y la posible ruptura de la negociación entre agentes sociales y económicos”. También señala las subidas de impuestos disminuyendo la renta disponible de los ciudadanos, la falta de medidas de apoyo a autónomos, pymes y empresas y la fuerte dependencia de sectores como construcción, comercio, hostelería, ocio, turismo frente a un mayor peso del sector industrial y nuestro retraso en temas de tecnología.

El director de análisis de MG ValoresNicolas López, señala que “nuestras estimaciones apuntan a que probablemente la contracción de la economía en 2020 estará en la parte alta del rango estimado por el PIB. Estimamos que, tras la caída del 5,2% en el primer trimestre, la economía española registrará una contracción histórica adicional del 15% en el segundo trimestre, lo que implica una caída interanual del 20% aproximadamente. Estimar el ritmo de recuperación es mucho más complicado porque dependerá en gran medida de que se posible la vuelta a una relativa normalidad o, por el contrario, que hay que mantener medidas restrictivas durante mucho tiempo. Asumiendo crecimientos trimestrales del 6% en el tercer y cuarto trimestre, la caída del PIB español en el conjunto del año 2020 sería del 11,3%”. Y expone que las características estructurales de la economía española explican el mayor impacto que va a tener la pandemia en comparación con la mayoría de países europeos. “En particular, concreta, nuestra exposición al turismo y al sector de la hostelería en general, así como la alta proporción de pymes y autónomos en nuestro tejido productivo, son factores que explican que la economía española vaya a tener una recesión más intensa que la mayoría”. “Por otra parte, continúa, en comparación con la Gran Recesión de 2008/09, creemos que en esta ocasión la recuperación va a ser bastante más rápida en general. Entonces el sistema financiero mundial estaba en una situación mucho más grave como consecuencia de los fuertes desequilibrios de la economía global. En el caso de España, nos encontramos con el reto de absorber las fuertes pérdidas de los balances de los bancos, sustituir la aportación al PIB de una parte importante del sector construcción que nunca iba a volver, y a la vez llevar a cabo un proceso de desapalancamiento del sector privado. Todo ello se tradujo en un proceso de recesión y recuperación muy largo de forma que tardamos 10 años en volver al nivel de PIB previo a la crisis. En esta ocasión la economía española no presentaba desequilibrios significativos. Quizás el mayor riesgo sería que un cambio permanente en las preferencias de las personas se traduzca a su vez en una pérdida permanente de actividad en el sector turismo y la hostelería. En ese caso la economía española tendría el reto de sustituir esa actividad por otras diferentes lo que haría que la recuperación fuese año más lenta. En todo caso, estaríamos hablando de un problema de una magnitud muy inferior a la que se planteó con la crisis inmobiliaria en 2008”.

Quizá las previsiones más optimistas sean las del director de coyuntura y economía internacional de Funcas, Raymond Torres, que señala que “según nuestras previsiones, la economía caerá un 8,4% para el conjunto del año, como consecuencia del desplome de la actividad durante el primer semestre”. Aunque, apunta, “este vaticinio descansa sobre una doble premisa, que el Gobierno acierte con las medidas de liquidez para la empresas y apoyo al empleo, y que la crisis sanitaria no se recrudezca. Si cualquiera de estas dos hipótesis no se cumpliera, la contracción del PIB sería mayor, porque lo que puede ser un shock transitorio se convertiría en una crisis económica, social y financiera prolongada”. Para Torres el principal desafío está en acertar con la política económica, lo que significa: a) elevar la envergadura de las acciones ya emprendidas (créditos ICO, complementados con acciones más específicas para algunos sectores como el turismo para los cuales los avales no bastan; ERTE prorrogados hasta septiembre, a condición de mantener el empleo); y b) la puesta en marcha de un plan de recuperación con iniciativas de inversión y de apoyo al empleo de colectivos que no están amparados por los ERTE como los jóvenes. “En cuanto a las debilidades, una evidente es la importancia del turismo, uno de los sectores más afectados por las restricciones a la movilidad. Otra es el tamaño de las empresas, porque las pymes no disponen de la capacidad financiera y el acceso a los mercados que poseen las grandes empresas”, señala. “Finalmente, el punto de partida en materia de déficit y deuda pública nos sitúa en situación de vulnerabilidad con respecto a otros países. De momento, el Tesoro está consiguiendo financiación en términos favorables, gracias a la disponibilidad de un sobre-ahorro del sector privado y los programas de compra de activos del BCE. Es crucial que esta política se mantenga, pese a lo que diga en Constitucional alemán. Y también que el Gobierno genere confianza entre los ahorradores durante un periodo prolongado”, concluye.

El rifirrafe de la reforma laboral

Y en medio de esta crisis, nuestros expertos no ven con muy buenos ojos las reformas emprendidas por el Gobierno. “La renta básica claramente desincentiva la búsqueda de empleo, como se contrastó en Finlandia, impulsa el “circulo vicioso de la pobreza” y tiene altos costes. Se estima que generará un gasto estructural adicional de casi 0,6 puntos del PIB, de manera permanente la derogación de la reforma laboral generaría un deterioro claro del empleo, perjudicaría a los ERTE y limitaría la posibilidad de generar intensamente puestos de trabajo durante la recuperación. Sería un grave error de política económica y generaría más incertidumbre; asimismo Bruselas considera que no se debe modificar”, señala Juan Iranzo. Por su parte, Santiago Carbó matiza que la renta mínima le parece una medida oportuna si es un ingreso temporal y no desincentiva buscar trabajo. Si no se hace así, es un error que complica aún más la sostenibilidad de la deuda pública en el futuro. “El rifirrafe sobre la reforma laboral es inoportuno porque había un camino fijado entre gobierno, empresarios y sindicatos que ahora se ha quebrado. Derogar la reforma laboral sería un error histórico. Se puede mejorar pero derogarla en este momento de recesión grave e incremento enorme del paro, es un error. Cualquier acuerdo sobre el marco laboral debe pasar por un consenso político y con las fuerzas sociales y empresariales”, señala.

Miguel Ángel Bernal tampoco cree que las medidas aprobadas sean las que necesita nuestra economía. Estas medidas además pueden frenar las ayudas o mayor rigor de supervisión de las ayudas de Europa.  La renta mínima puede paliar una muy difícil situación de muchas personas y familias. Ahora bien, debe coordinarse muy bien con las ayudas ya existentes, deben ligarse además a la búsqueda activa de trabajo por los perceptores, donde además haya medidas de reempleabilidad y capacitación de las personas en desempleo” Por su parte, el director de análisis de MG Valores, Nicolas López, cree que la introducción de un mecanismo de renta mínima en la situación actual, como complemente de los existentes en las comunidades autónomas es necesario dada la grave situación que se plantea en la economía. Los riesgos de una medida de este tipo es que su diseño puede desincentivar la búsqueda de empleo en algunos colectivos. “Por lo que ha trascendido hasta hora, explica, creo que cuenta con los controles necesarios para evitar en buena medida los efectos perversos. “Un problema que le veo es el hecho de que los ingresos de los solicitantes que sirven como referencia son los del año anterior a la crisis, algo que no parece muy operativo pues dejaría fuera de las ayudas precisamente a las personas que este año han sufrido una fuerte merma de ingresos”. “Respecto a la reforma laboral, sin embargo, me parece que es el peor momento posible para afrontar cambios en la legislación laboral, no digamos su derogación total. Creo que existe un consenso bastante general entre economistas, instituciones europeas y otros organismos internacionales en que la reforma laboral, y en particular su esencia de flexibilidad interna en la empresa ha sido uno de los factores dinamizantes del empleo que ha permitido que España pase de una tasa de paro del 27% en 2012 al 14% a principio de este año. La oposición a la reforma tuvo claros tintes ideológicos y se ha mantenido todos estos años en contra de la evidencia de su buen funcionamiento lo que resulta ciertamente incomprensible. Si algo necesitamos en este momento es un acuerdo entre gobiernos y agentes sociales para tratar de favorecer que las empresas retengan el empleo necesario evitando su desaparición mientras la economía se recupera. Introducir ahora el elemento de incertidumbre es lo peor que se puede hacer”.

El director de Coyuntura de Funcas, Raymond Torres, introduce un nuevo elemento. “Cualquier reforma laboral, tanto en España como en otros países, debe tener en cuenta la revolución tecnológica en marcha. Los principios básicos de la normativa laboral siguen siendo importantes: se trata de asegurar una protección adecuada de las personas y a la vez aprovechar las oportunidades de crecimiento. Ese equilibrio sigue siendo importante, pero se plantea de manera distinta por los cambios tecnológicos. Una revisión de los “aspectos más lesivos” de la reforma de 2012 no rompe ese equilibrio, ni se espera un impacto notable sobre la creación de empleo. Sin embargo, también hay que atender las necesidades que plantea la revolución tecnológica, con respecto al trabajo de plataforma, autónomos dependientes, formación y capacitación, creación de empresas y aumento de la productividad.  En cuanto a la renta mínima, la experiencia internacional muestra que un vínculo con el mercado laboral es esencial. Porque el nivel de esa renta, por sí solo, no es suficiente para asegurar una emancipación sostenida de las personas que la perciben. Por tanto, la articulación entre la renta mínima y las políticas activas de empleo es un aspecto clave.

Publicado en El Nuevo Lunes

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