La inteligencia artificial ha dejado de ser únicamente una historia protagonizada por un reducido grupo de grandes tecnológicas estadounidenses. La siguiente fase de inversión empieza a extenderse por toda la cadena de valor: desde los semiconductores asiáticos hasta la energía, los centros de datos, la automatización industrial, el software o los fabricantes europeos de equipos especializados.
Al mismo tiempo, las dudas aumentan. El enorme volumen de capital destinado a infraestructura obliga a preguntarse por el retorno de esas inversiones, mientras la competencia china, el creciente recurso a la deuda y las fuertes diferencias de comportamiento entre compañías introducen nuevos riesgos.
Los análisis de Vontobel, Wellington Management, Neuberger, J. Safra Sarasin y Edmond de Rothschild AM apuntan hacia un escenario en el que el crecimiento de la IA está ampliando el universo de inversión, pero también está haciendo más importante distinguir entre empresas, tecnologías y eslabones de la cadena de valor.
¿Corrección o final del ciclo de la IA?
La fuerte corrección sufrida por las compañías tecnológicas en junio volvió a plantear una de las preguntas que han acompañado al mercado durante los últimos años: ¿está agotándose el ciclo de inversión en inteligencia artificial?
Para Alex Stauffacher y Florence Kuang, de Conviction Equities, boutique de Vontobel, la respuesta es, por ahora, negativa.
Las cadenas de suministro tecnológicas asiáticas han sido unas de las grandes beneficiarias del aumento de la inversión de los gigantes estadounidenses. Desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022, el índice MSCI Emerging Markets Information Technology se ha multiplicado por más de cinco, aunque durante ese periodo ha atravesado varias correcciones relacionadas con las dudas sobre el retorno de la inversión, la competencia china o el temor a una burbuja.
La última caída estuvo alimentada por las dudas sobre el retorno de la inversión en IA, el temor al final del ciclo, la competencia china y la incertidumbre económica. Sin embargo, los expertos de Vontobel consideran que “la reacción del mercado sobrestima los riesgos” y ven la reciente corrección como “otra oportunidad para ganar exposición a un atractivo tema de crecimiento a largo plazo”, aunque reconocen que la debilidad podría persistir a corto plazo.
Su argumento se apoya también en la duración de anteriores revoluciones tecnológicas. Tanto el auge de los smartphones como el de la nube pública se prolongaron durante más de ocho años antes de que el crecimiento de sus ingresos se desacelerara por debajo del 20%. La IA, en cambio, no ha cumplido todavía cuatro años desde el lanzamiento de ChatGPT.
“Desde una perspectiva histórica, el ciclo de inversión en IA parece encontrarse en una fase relativamente temprana”, sostienen Stauffacher y Kuang. La adopción empresarial continúa en sus primeras etapas y los flujos de trabajo de IA agéntica apenas empiezan a escalar.
745.000 millones de dólares de inversión: el retorno empieza a importar
Que el ciclo pueda tener recorrido no elimina una de las principales cuestiones para los inversores: ¿será rentable todo el capital que se está desplegando?
Los hiperescaladores estadounidenses concentran buena parte de la inversión mundial en centros de datos y Vontobel estima que su capex podría alcanzar aproximadamente 745.000 millones de dólares este año.
Para la gestora, las preguntas fundamentales son “si este nivel de gasto crea valor y si las sólidas perspectivas están respaldadas por unas expectativas de rendimiento satisfactorias”.
Las primeras señales son mixtas. Los negocios de nube de los hiperescaladores están creciendo cerca del 50%, con márgenes operativos del 35%-40%. Un centro de datos de última generación y con una utilización elevada podría generar, según sus cálculos, un ROIC de aproximadamente el 20%-30% cuando se alquila a clientes.
Sin embargo, una parte considerable del capital todavía está en construcción, utiliza generaciones anteriores de chips o se destina al entrenamiento interno de modelos. Por ello, Vontobel calcula que el retorno sobre el conjunto del capital se encuentra inicialmente alrededor del coste de capital o ligeramente por debajo, aunque podría aumentar conforme mejore su utilización.
El creciente recurso a la financiación también merece atención. Alphabet ha elevado su previsión de inversión, mientras Amazon continúa acelerando sus planes ante una demanda que considera elevada. Paralelamente, aumenta el recurso a la deuda y aparecen fórmulas de financiación circular dentro del ecosistema.
Stauffacher y Kuang consideran esta mayor dependencia de la financiación con deuda “una bandera amarilla, más que una bandera roja”. Su evolución será, por tanto, uno de los factores que determinarán hasta dónde puede prolongarse el actual ciclo inversor.
La calma de los índices oculta una creciente dispersión
El comportamiento de los grandes índices puede estar ofreciendo una imagen incompleta de lo que sucede en el mercado.
Alex King, investment strategy analyst, y Joshua Riefler, product reporting lead de Wellington Management, advierten de una divergencia entre la volatilidad agregada de la renta variable y el comportamiento individual de empresas y sectores.
“Los mercados parecen tranquilos a simple vista, pero el panorama subyacente muestra una realidad diferente”, explican.
Mientras el VIX se mantiene relativamente contenido, la volatilidad de los valores y sectores ha aumentado y las correlaciones entre las principales compañías han descendido hasta niveles inusualmente bajos. Es decir, el índice puede parecer tranquilo mientras debajo de la superficie las diferencias entre ganadores y perdedores aumentan considerablemente.
Para los inversores, este escenario tiene una consecuencia relevante: una mayor dispersión amplía el terreno para la gestión activa.
“Los fundamentales corporativos y la selección de valores son factores cada vez más determinantes para la rentabilidad”, señalan desde Wellington Management. La firma observa además una mayor diversidad en el liderazgo del mercado, con más sectores y compañías contribuyendo a las rentabilidades y una menor dependencia de un reducido grupo de valores.
La propia inteligencia artificial está alimentando esa dispersión. Las diferencias de rentabilidad entre las compañías relacionadas con esta tecnología aumentan a medida que los inversores revisan sus expectativas sobre quiénes serán realmente los ganadores y perdedores de la siguiente fase de adopción.
La oportunidad se extiende más allá de las grandes tecnológicas
Ese cambio también amplía las posibilidades de invertir en IA sin concentrarse exclusivamente en las grandes compañías estadounidenses.
Yan Taw Boon, director de estrategias temáticas para Asia en Neuberger, considera que “los inversores no necesitan concentrar su exposición en un puñado de empresas estadounidenses de gran capitalización para participar en las tendencias a largo plazo de la digitalización y la inteligencia artificial”.
El desarrollo de la infraestructura necesaria para la IA está llevando inversión hacia sectores como energía, construcción, automatización industrial y fabricación de componentes especializados para centros de datos. Esto amplía el abanico de oportunidades y, al mismo tiempo, permite reducir la dependencia de las grandes tecnológicas dominantes.
Asia ocupa una posición especialmente relevante. Neuberger identifica oportunidades en el denominado “triángulo dorado” de los semiconductores formado por Taiwán, Japón y Corea del Sur.
En estos mercados operan numerosas compañías de pequeña y mediana capitalización dedicadas a materiales, equipos, pruebas y componentes esenciales para la industria mundial de semiconductores.
Aunque reciben menos atención que los gigantes tecnológicos estadounidenses, Yan Taw Boon considera que muchas de estas compañías “están bien posicionadas para beneficiarse del aumento de la inversión global en inteligencia artificial”.
De construir la IA a monetizarla: la segunda fase del ciclo
La ampliación de las oportunidades no se produce únicamente por sectores y geografías. También puede estar cambiando el lugar de la cadena de valor en el que se genera el retorno para el inversor.
Xiadong Bao, gestor de renta variable internacional de Edmond de Rothschild AM, considera que la inteligencia artificial continúa en una fase temprana de su superciclo, pero sostiene que la inversión ha entrado ya en una segunda etapa.
La primera estuvo marcada por los cuellos de botella y por la necesidad de construir rápidamente la infraestructura necesaria: memoria, semiconductores, capacidad energética, centros de datos e interconexiones. Ahora, el foco comienza a desplazarse.
“Tras el episodio de FOMO alrededor de las infraestructuras de IA, como la memoria, los semiconductores o la capacidad energética de los centros de datos, la verdadera oportunidad de inversión en la era de la IA agéntica reside ahora en la monetización”, señala Bao.
La cuestión adquiere especial relevancia ante la magnitud del capital comprometido. Edmond de Rothschild AM estima que el gasto acumulado entre 2026 y 2030 de Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, Oracle y CoreWeave podría alcanzar los 5 billones de dólares. Pero Bao advierte de que los retornos de esos proyectos intensivos en capital pueden diferir significativamente con el paso del tiempo.
Entre las variables que determinarán esa rentabilidad figuran el coste de financiación, la evolución del precio de los tokens, la velocidad con la que avancen las nuevas generaciones de chips, los periodos de amortización de las denominadas “fábricas de tokens” y las restricciones regulatorias.
Por encima de todas ellas aparece una pregunta: si la capacidad de gasto de empresas y consumidores crecerá al mismo ritmo que la infraestructura construida para atender la demanda de IA.
Para Bao, esa incertidumbre obliga a diferenciar entre “participar en la especulación asociada a una megatendencia” e invertir buscando una “creación sostenible de valor”.
El software puede ser uno de los siguientes beneficiarios
El desplazamiento hacia la monetización abre además oportunidades en áreas que han quedado en un segundo plano durante la carrera por construir infraestructura.
Una de ellas es el software. Edmond de Rothschild AM considera que el mercado sigue infravalorando su potencial dentro de la siguiente fase de la IA. Los agentes necesitan aplicaciones, plataformas de pago, herramientas de ciberseguridad y otras soluciones para ejecutar tareas y convertir la capacidad computacional en resultados concretos.
“Uno de los ámbitos de monetización de la IA que el mercado sigue infravalorando es el software”, afirma Bao.
Esto no significa que los modelos de negocio actuales vayan a permanecer intactos. La gestora espera que los esquemas tradicionales de licencias por usuario evolucionen hacia sistemas de precios basados en el uso e incluso en los resultados obtenidos.
Pese a esa transición, Bao identifica oportunidades en determinadas compañías de aplicaciones empresariales, pagos, ciberseguridad e infraestructura para IA agéntica, especialmente cuando combinan crecimiento, generación de flujo de caja libre y balances saneados.
El cambio tampoco se limita a la tecnología. Edmond de Rothschild AM señala al sector sanitario como otro ejemplo de creación de valor mediante IA y cita la terapia personalizada contra el cáncer basada en ARN mensajero desarrollada por Moderna y Merck.
En este caso, la secuenciación tumoral permite identificar una huella mutacional específica y los algoritmos seleccionan posteriormente hasta 34 objetivos exclusivos del tumor, que son codificados en una vacuna de ARN mensajero. La automatización basada en datos permite además acelerar el proceso desde el descubrimiento hasta la producción y distribución.
Europa juega otra partida en los semiconductores
Europa presenta un escenario diferente. Su oportunidad no reside, al menos actualmente, en competir directamente con Taiwán en la fabricación de los chips más avanzados.
Joran Mambir, especialista de producto en J. Safra Sarasin Sustainable AM, explica que la estrategia europea se concentra en los denominados nodos maduros, especialmente vinculados a las fortalezas industriales y de automoción de la región.
TSMC inició en 2024 la construcción de su primera planta europea en Dresde, enfocada en tecnologías de 28/22 nm y 16/12 nm, mientras STMicroelectronics puso en marcha un campus de carburo de silicio en Sicilia orientado a electrónica de potencia para vehículos eléctricos y aplicaciones industriales.
En sentido contrario, la cancelación en 2025 del proyecto de Intel en Magdeburgo dejó a Europa “sin producción activa ni planes de fabricación en nodos avanzados”.
Sin embargo, el continente conserva posiciones estratégicas en otros segmentos de la cadena.
El ejemplo más evidente es ASML, que ocupa una posición única en la litografía EUV, tecnología indispensable para fabricar los chips lógicos y de memoria más avanzados. A ella se suman ASM International en deposición por capas atómicas y epitaxia, o Besi en hybrid bonding y empaquetado avanzado.
Europa también mantiene fortalezas en semiconductores analógicos y de potencia a través de compañías como STMicroelectronics, Infineon y NXP, especialmente vinculadas a aplicaciones industriales, automoción y gestión energética.
Para Mambir, estas capacidades posicionan a Europa “no como un gran centro de fabricación de chips en nodos avanzados, sino como un habilitador clave de la innovación global en semiconductores”.
El reto es que reproducir el ecosistema construido durante décadas alrededor de TSMC en Taiwán resulta especialmente complejo. La ventaja asiática no depende únicamente del capital invertido o de las subvenciones públicas, sino de una red de proveedores, talento, ingeniería y conocimiento operativo desarrollada durante más de 40 años.
Por ello, J. Safra Sarasin considera que “el futuro europeo de los semiconductores no pasa por tratar de alcanzar a TSMC en nodos avanzados”, sino por reforzar ventajas diferenciales como los nodos maduros, los chips analógicos y de potencia y el equipamiento de fabricación de primer nivel.
La pregunta cambia: ¿dónde crea realmente valor la IA?
Las cinco visiones dibujan un mercado diferente al de las primeras etapas del auge de la inteligencia artificial.
El volumen de inversión continúa creciendo y las restricciones de capacidad todavía están lejos de desaparecer. Vontobel recuerda que los cuellos de botella afectan no solo a los semiconductores, sino también a componentes, materiales, electricidad, permisos y construcción de centros de datos. Buena parte de la nueva capacidad anunciada, además, no llegará hasta después de 2030.
Pero, al mismo tiempo, Edmond de Rothschild AM introduce un cambio relevante: después de una primera fase dominada por la construcción de infraestructura, la capacidad para monetizar la IA empieza a adquirir tanta importancia como la capacidad para desarrollarla.
Para Bao, la siguiente fase estará “mucho menos definida por la escasez y la especulación y mucho más por la adopción y la monetización”. A medida que la infraestructura alcance a la demanda, el valor podría desplazarse desde quienes construyen las “fábricas de tokens” hacia las empresas capaces de utilizar la IA para reducir costes, mejorar productos o generar resultados por los que sus clientes estén dispuestos a pagar.
Esto amplía considerablemente el mapa de oportunidades. Neuberger mira hacia el “triángulo dorado” de semiconductores formado por Taiwán, Japón y Corea del Sur, además de sectores como energía, construcción y automatización industrial. J. Safra Sarasin identifica en Europa ventajas específicas en equipamiento, chips analógicos y semiconductores de potencia. Edmond de Rothschild AM incorpora software, ciberseguridad, pagos y salud como posibles beneficiarios de la monetización. Y Wellington Management advierte de que la creciente dispersión entre compañías hace que la selección de valores gane importancia.
La pregunta para el inversor empieza así a cambiar. Ya no se trata únicamente de determinar cuánto puede crecer la inteligencia artificial, sino de identificar dónde ese crecimiento se transforma realmente en beneficios, flujo de caja y retornos sobre el capital invertido.
El reciente reajuste tampoco tiene por qué implicar el final del ciclo. “Las oportunidades siguen siendo abundantes, pero la selectividad es ahora más importante que nunca”, concluye Bao. Si la primera fase estuvo ampliamente masificada, considera que en la segunda los inversores tendrán que distinguir entre “la creación de valor sostenible y la simple persecución de los avances tecnológicos”.
La IA continúa siendo el hilo conductor. Pero a medida que el ciclo madura, las oportunidades se reparten por más sectores, geografías y eslabones de la cadena de valor, mientras aumenta la diferencia entre simplemente estar expuesto a la inteligencia artificial y capturar el valor económico que genera.
✅ Inversión en IA: dónde buscan ahora las gestoras las oportunidades, en tiempodeinversion.com










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