Masja Zandbergen, Directora de Integración de Criterios ASG de Robeco, explica las salvedades y retos que pueden hacer que los inversores tropiecen en su intento por descarbonizar carteras

por | 8 Jul 2021

El cambio climático es el problema, las emisiones cero netas son el objetivo, y la descarbonización es el medio a utilizar. Pero, ¿hay obstáculos que bloqueen el camino? Masja Zandbergen, Responsable de Integración de Sostenibilidad de Robeco explica las salvedades y retos que pueden hacer que los inversores tropiecen en su intento por descarbonizar carteras y contribuir a la transición a las cero emisiones netas.

¿Qué significa exactamente descarbonizar una cartera?

Dicho en pocas palabras, consiste en reducir la intensidad de carbono de la cartera con la inclusión de empresas con emisiones bajas o que han asumido compromisos creíbles de reducción de emisiones. Al igual que con el rendimiento financiero de la cartera, los avances en este ámbito exigen una medición continuada frente a un punto de referencia. En otro caso, el dato de las emisiones declaradas tiene escaso valor. Esa referencia puede ser el mercado global, como el desempeño en emisiones de un índice global, o un estándar interno, como un momento determinado a partir del cual se miden los avances anuales de la cartera. El volumen de emisiones es irrelevante; lo que importa es empezar a medir.

¿No sería más fácil limitarse a desinvertir de los mayores emisores?

Lo sería si los datos declarados por las empresas fueran completos, pero estos datos no incluyen la mayoría de las emisiones generadas, por lo que infravaloran la envergadura auténtica de las emisiones. En la actualidad, las emisiones que las empresas declaran y los inversores miden corresponden a los procesos de producción (Alcance 1) y a la electricidad utilizada en tales procesos (Alcance 2). Pero no incluyen las emisiones generadas por los consumidores de un producto en el resto de la cadena de suministro. Aunque los productores de petróleo y gas tienen una elevada huella de carbono en la fase de producción, no supone más que el 20% de las emisiones totales. El 80% restante se genera por la combustión del petróleo de los clientes (Alcance 3).

Las empresas de petróleo y gas no son las únicas; las emisiones de alcance 3 están subestimadas en el conjunto de la economía. Por ejemplo, muchas empresas de alimentación tiene unas huellas operativas relativamente reducidas en la fase de producción, pero considerables emisiones no contabilizadas en conceptos como deforestación o fertilizantes en otras fases de sus cadenas de suministro. Todavía no se calculan, divulgan públicamente o tienen en cuenta por los inversores unos datos de cadena de suministro integrales (véase Figura 1).

Figura  1  |  Aunque constituyen el grueso de las emisiones totales de las empresas cotizadas, las emisiones de Alcance 3 apenas se declaran.

Fuente: Robeco, Trucost

El gráfico muestra la intensidad de carbono media ponderada (WACI) de las empresas integrantes del MSCI All World AC. El dato de las emisiones de estas empresas se basa en las emisiones medias anuales declaradas por las empresas para 2019. La WACI mide la intensidad de carbono (emisiones de Alcance 1 + 2 + 3 / valor de empresa incluida tesorería, en millones de dólares) de cada empresa de la cartera, multiplicada por su peso en la cartera.

¿Cómo afecta esto a los intentos de los inversores de descarbonizar sus carteras?

Puede ocasionar que las emisiones de algunas empresas o sectores se infravaloren o sobrevaloren. Paradójicamente, muchos proveedores de soluciones ‘verdes y limpias’ tienen unas emisiones de carbono elevadas si solo se tiene en cuenta las emisiones retrospectivas. Por ejemplo, los operadores de turbinas eléctricas, los fabricantes de vehículos eléctricos o los productores de hidrógeno constituyen tecnologías limpias, pero sus beneficios de reducción de carbono se producen con posterioridad en la cadena de suministro, en la fase de uso por los consumidores.

Sus emisiones de Alcance 1 y 2 pueden ser no obstante elevadas, dado que muchos utilizan acero en sus componentes o electricidad procedente de una red regional con muchas emisiones. Eso significa que su potencial de descarbonización no se recoge plenamente en las carteras. Para combatir este efecto hace falta capacidad de predicción.”

¿Cómo aborda Robeco este dilema?

Nuestras estrategias de descarbonización más avanzadas tienen en cuenta las emisiones de Alcance 3. En otras estrategias utilizamos técnicas de estimación propias y modelos de terceros, para derivar la estimación de emisiones futuras de mejor escenario posible. Ello conlleva calcular las trayectorias de transición a cero emisiones netas de los distintos sectores en base a las tecnologías disponibles o existentes a corto plazo. Además de las emisiones de Alcance 3 incorporamos otros datos prospectivos que sirven para predecir el grado de preparación climática de las empresas y su desempeño futuro ajustado al clima. ¿Qué empresas cuentan con planes estratégicos que incentivan la adopción de tecnologías y modelos de negocio bajos en carbono? ¿Cómo se beneficiarán de la transición a las cero emisiones netas? ¿Cuáles tienen suficiente músculo financiero para acometer las inversiones de capital necesarias para dicha transición?.

El objetivo último consiste en asegurar que las carteras de los clientes están a prueba del clima, reduciendo su exposición al riesgo de carbono y garantizando que están climáticamente preparadas. Esta responsabilidad es mucho más compleja que comparar una cartera frente a un índice de referencia en términos de reducción de emisiones, e implica muchas consideraciones.

¿En qué se diferencia la descarbonización de una cartera de la integración ASG?

La integración ASG aporta una mayor información sobre una gama más amplia de factores de riesgo; sociales, económicos, de gobernanza y ambientales. Combinado con el análisis financiero, ello permite evaluar con mayor precisión los riesgos futuros, evaluar el rendimiento financiero y tomar decisiones de inversión mejor fundamentadas.

‘Paradójicamente, muchos proveedores de soluciones ‘verdes y limpias’ tienen unas emisiones de carbono elevadas si solo se tienen en cuenta las emisiones retrospectivas’

Por otra parte, la descarbonización se suele realizar para reducir riesgos climáticos y combatir el cambio climático. La decisión de un inversor de descarbonizar su cartera no siempre se basa en objetivos puramente financieros. El motivo es a menudo su interés por invertir en empresas que tengan un impacto positivo, al no contribuir al cambio climático o al daño medioambiental.

¿Cómo encaja la descarbonización de una cartera en el contexto global de descarbonizar la economía?

La economía crece donde afluye el capital, por lo que canalizar fondos hacia empresas con una dinámica de reducción de carbono sólida, en detrimento de las rezagadas, acelera la transición hacia una economía global libre de carbono. No obstante, vender los valores de una empresa con elevadas emisiones de carbono no tiene un impacto inmediato en la economía real. El impacto en el mundo real exige que un gran número de inversores manifiesten su protesta negándose a poseer valores de las empresas más contaminantes. En última instancia, ello aumentará sus costes de financiación y acelerará el cambio.

‘Asegurarse de que una cartera está climáticamente preparada es mucho más complejo que medir la reducción [de carbono]’

Sin embargo, hay que introducir algunas salvedades al respecto. En primer lugar, denegarles financiación perjudicará a muchas empresas que desean hacer la transición pero necesitan capital para ello. Además, algunas de las más contaminantes generan tanto efectivo que no necesitan más capital. Los boicots financieros tienen escaso efecto en ese caso. Pero incluso a las empresas con mucha tesorería les preocupa su reputación, por lo que los inversores mandan un potente mensaje de alerta a la dirección de la empresa si posicionan sus carteras en detrimento de ella.

¿Qué otras herramientas pueden utilizar los inversores para acelerar la transición global?

Como herramientas para ejercer su influencia sobre los gestores de una empresa, los inversores también tienen que utilizar la interacción activa y el voto. Las emisiones de carbono están repartidas por toda la economía y exigen importantes cambios estructurales, por lo que la interacción debe efectuarse no solo a nivel de empresas, sino también de países. Robeco ha empezado recientemente a interactuar con líderes nacionales para ayudarles a comprender el efecto agregado que unas políticas de carbono contradictorias tienen a nivel nacional.

Es contraproducente obligar a algunas empresas a descarbonizarse al tiempo que se permite que otras talen bosques o se ofrecen subsidios proteccionistas a grandes contaminantes de carbono. Asimismo, los líderes nacionales tienen que comprender que las políticas nacionales de descarbonización afectarán a su capacidad de atraer empresas globales, inversión extranjera y financiación mediante bonos soberanos.

 

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Manuel Tortajada
Periodista económico-financiero con más de 30 años de experiencia en prensa escrita y radio. En la actualidad produce, presenta y dirige Tiempo de Inversión. En los últimos 20 años ha desarrollado su carrera profesional en el Grupo Intereconomía y El Nuevo Lunes, como responsable de Bolsa. Con anterioridad trabajó Interviú, La Gaceta y Antena 3 Radio.

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