La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los grandes motores del mercado tecnológico, pero invertir en IA ya no significa únicamente comprar Nvidia o las grandes compañías del Nasdaq.
Detrás de los modelos de inteligencia artificial existe una cadena de inversión mucho más amplia: semiconductores, equipos para fabricarlos, memoria, centros de datos, redes, proveedores de capacidad de computación, software y compañías capaces de incorporar la IA a sus propios negocios.
Este desplazamiento ya se está produciendo entre las propias gestoras. Como analizamos en Tiempo de Inversión, la inversión en IA está entrando en una nueva fase en la que las oportunidades se extienden hacia semiconductores, infraestructuras, software y ciberseguridad, a medida que el mercado presta más atención a quién puede convertir las fuertes inversiones realizadas en beneficios. Inversión en IA: dónde buscan ahora las gestoras las oportunidades.
Para quienes quieran partir de una visión más general, en Tiempo de Inversión también hemos explicado cómo invertir en inteligencia artificial mediante fondos de inversión y ETFs, dos vehículos que permiten acceder a esta tendencia con enfoques y niveles de diversificación diferentes.
Y existe una segunda tendencia que avanza prácticamente en paralelo: la ciberseguridad. Cuanto mayor es la digitalización de empresas y administraciones, más información, aplicaciones e infraestructuras necesitan protección.
Para el inversor, esto amplía considerablemente las posibilidades. Existen fondos especializados directamente en inteligencia artificial, fondos tecnológicos globales con una elevada exposición a su infraestructura y estrategias centradas específicamente en seguridad digital.
Pero no todos están comprando la misma historia.
Por eso, más que buscar simplemente el fondo que más ha subido en 2026, conviene entender qué parte de la transformación tecnológica está comprando realmente cada cartera.
Seis fondos para invertir en IA, tecnología y ciberseguridad
Para hacer la comparación más útil hemos seleccionado clases denominadas en euros e identificado el ISIN correspondiente.
Allianz Global Artificial Intelligence: invertir directamente en la revolución de la IA
Allianz Global Artificial Intelligence es una de las estrategias más conocidas para obtener una exposición explícita a la inteligencia artificial.
La clase AT EUR —ISIN LU1548497699— fue lanzada en mayo de 2017 y el conjunto del fondo superaba los 7.000 millones de euros de patrimonio a comienzos de septiembre de 2026, según Allianz Global Investors.
Su interés reside precisamente en que la estrategia no interpreta la inteligencia artificial únicamente como una inversión tecnológica. Busca compañías relacionadas con el desarrollo de la IA y también empresas capaces de beneficiarse de su adopción.
Esto se aprecia en la cartera. Entre sus mayores posiciones aparecían en 2026 Nvidia, Broadcom, TSMC y Lam Research, pero también compañías ajenas al sector tecnológico tradicional como Caterpillar, Eli Lilly o JPMorgan.
La diferencia es importante: además de comprar a quienes proporcionan la infraestructura de la IA, el fondo puede buscar empresas capaces de utilizarla para transformar sus negocios.
A 8 de septiembre acumulaba un 18,66% en 2026. Su rentabilidad acumulada alcanzaba el 61% a tres años y el 24,68% a cinco.
DWS Invest Artificial Intelligence: tres maneras de beneficiarse de la IA
DWS Invest Artificial Intelligence LC adopta también una aproximación directa a la temática, pero resulta especialmente interesante por la forma en la que divide su universo de inversión.
DWS distingue tres grandes grupos: compañías que recopilan, procesan y analizan datos; fabricantes del hardware especializado necesario para ejecutar aplicaciones de IA; y empresas que incorporan inteligencia artificial a sus modelos de negocio para ganar eficiencia o ventajas competitivas.
Esto permite que la cartera no dependa exclusivamente de los fabricantes de chips ni de los desarrolladores de modelos.
La clase LC en euros —LU1863263346— presenta una comisión de gestión del 1,50% y unos gastos corrientes del 1,60%, según DWS.
A 8 de septiembre, el fondo acumulaba un 18,90% en 2026, mientras que su rentabilidad acumulada alcanzaba el 80,49% a tres años y el 66,98% a cinco años.
La propia gestora advierte, sin embargo, de una volatilidad significativamente superior y de los riesgos derivados tanto de las fluctuaciones sectoriales como de las divisas.
BGF World Technology: no hace falta que un fondo lleve “IA” en el nombre
Uno de los aspectos más interesantes para el inversor es que no es necesario elegir un fondo temático de inteligencia artificial para tener una exposición elevada a ella.
El BGF World Technology Fund, de BlackRock, es un buen ejemplo. El fondo invierte al menos el 70% de sus activos globalmente en compañías cuya actividad principal se desarrolla dentro del sector tecnológico.
Su cartera revela hasta qué punto la IA domina actualmente una parte importante de la inversión tecnológica. Entre sus mayores posiciones figuraban Nvidia, Broadcom, Apple, Microsoft, TSMC, Lam Research, Alphabet, SK Hynix, Samsung Electronics y AMD.
Es decir, una combinación de diseñadores de chips, fabricantes de semiconductores, memoria, equipos necesarios para producirlos y grandes plataformas tecnológicas.
La clase A2 EUR —LU0171310443— acumulaba un 28,40% en 2026 a 25 de agosto. A tres años, la rentabilidad acumulada ascendía al 104,56% y, a cinco, al 66,91%.
El tamaño también lo diferencia de buena parte de los fondos temáticos: el conjunto del BGF World Technology gestionaba cerca de 20.000 millones de dólares en septiembre y tenía 73 posiciones a cierre de agosto.
Janus Henderson Global Technology Leaders: semiconductores en el centro de la cartera
Otro fondo tecnológico global con una elevada exposición indirecta a la revolución de la IA es Janus Henderson Horizon Global Technology Leaders.
La composición de su cartera vuelve a mostrar la importancia de mirar más allá de las etiquetas.
A finales de febrero de 2026, aproximadamente el 39,5% de la cartera estaba invertido en semiconductores y equipos para semiconductores, por encima del peso que este segmento tenía en su índice.
En otras palabras, una parte importante de la exposición a inteligencia artificial se obtiene a través de quienes proporcionan la infraestructura física necesaria para hacerla posible.
Esta visión encaja con otra de las grandes ideas que está dejando el desarrollo de la inteligencia artificial: no todo el valor tiene que concentrarse en quienes desarrollan los modelos. Los llamados “picos y palas” de la nueva fiebre tecnológica amplían el universo hacia semiconductores, infraestructuras, energía y otros activos necesarios para soportar el crecimiento de la capacidad de computación, una tendencia que también hemos analizado en Tiempo de Inversión al abordar la rotación hacia empresas con activos tangibles y flujos de caja.
La clase A2 EUR —LU0572952280— acumulaba un 25,64% en 2026 a cierre de agosto. Su rentabilidad anualizada alcanzaba el 27,58% a tres años y el 15,31% a cinco años.
Los gastos corrientes publicados para esta clase se situaban en el 1,87%.
Allianz Cyber Security: cuando proteger la IA también se convierte en inversión
La segunda gran tendencia que acompaña a la digitalización es la ciberseguridad. Allianz Cyber Security ofrece una exposición mucho más específica que los fondos tecnológicos anteriores. Su índice de referencia es el ISE Cyber Security UCITS Total Return Net y su objetivo se concentra en empresas relacionadas con la seguridad digital.
La clase AT EUR —LU2286300988— fue lanzada en febrero de 2021. El conjunto del fondo gestionaba alrededor de 459 millones de euros a comienzos de septiembre.
Su comportamiento en 2026 ha sido especialmente fuerte. A 17 de septiembre acumulaba un 41,77%, mientras que su rentabilidad acumulada alcanzaba el 98,67% a tres años y el 54,26% a cinco.
Pero estas cifras muestran también por qué resulta peligroso extrapolar las rentabilidades recientes. En 2022 el fondo perdió un 41,47% y en 2025 retrocedió un 2,12%.
La ciberseguridad puede constituir una tendencia estructural, pero eso no elimina la volatilidad propia de las compañías tecnológicas especializadas.
Pictet-Security: ciberseguridad, pero no solamente ciberseguridad
Pictet-Security introduce una diferencia importante frente a Allianz Cyber Security. No es exclusivamente un fondo de ciberseguridad. Su universo incluye empresas cuyos productos y servicios contribuyen a proteger personas, organizaciones e infraestructuras.
Por eso, la cartera puede combinar seguridad informática con servicios de seguridad y actividades vinculadas a la protección física.
La clase P EUR —LU0270904781— acumulaba un 30,95% en 2026 a 17 de septiembre. Su rentabilidad acumulada era del 53,54% a tres años y del 25,28% a cinco.
Su evolución reciente resulta especialmente ilustrativa. El fondo ganó un 19,96% en 2024, cayó un 7,76% en 2025 y ha recuperado con fuerza en 2026. En 2022 había sufrido una caída del 29,37%.
Los gastos corrientes de la clase P EUR se sitúan en el 1,98%, según los datos de Morningstar recogidos por Finect.
¿Qué fondo elegir para invertir en inteligencia artificial?
La comparación permite extraer una conclusión importante: estos seis fondos no son alternativas perfectamente intercambiables. Quien elija Allianz Global Artificial Intelligence o DWS Invest Artificial Intelligence está realizando una apuesta explícita por la expansión y adopción de la IA.
BGF World Technology y Janus Henderson Global Technology Leaders ofrecen una exposición más amplia al sector tecnológico, aunque el peso de semiconductores, hardware y grandes plataformas hace que actualmente estén fuertemente vinculados al ciclo de inversión en inteligencia artificial.
Allianz Cyber Security lleva la especialización hacia la protección de redes, datos y sistemas, mientras que Pictet-Security amplía ese concepto hacia otras áreas de seguridad.
La decisión depende, por tanto, menos de qué fondo ha subido más que de qué exposición quiere incorporar el inversor.
Cuidado con comprar cinco fondos y tener cinco veces Nvidia
Existe además un riesgo menos evidente: la falsa diversificación. Un inversor podría combinar varios fondos pensando que está repartiendo el riesgo entre estrategias distintas cuando, en realidad, está aumentando su exposición a las mismas compañías.
Nvidia, Broadcom, TSMC y otras empresas vinculadas a semiconductores e infraestructura aparecen repetidamente entre las posiciones relevantes de los fondos tecnológicos analizados. Allianz Global Artificial Intelligence, por ejemplo, tenía entre sus principales inversiones Nvidia, Broadcom, TSMC y Lam Research; BGF World Technology coincidía en varias de ellas.
Por eso, antes de combinar fondos tecnológicos conviene revisar las diez primeras posiciones, el peso real de cada segmento y el solapamiento con el resto de la cartera.
Dos fondos con nombres diferentes pueden acabar proporcionando una exposición sorprendentemente parecida.
IA y ciberseguridad empiezan a formar parte de la misma historia
También está desapareciendo progresivamente la frontera entre ambas temáticas. La expansión de la inteligencia artificial aumenta la capacidad de las empresas para procesar información y automatizar procesos, pero también crea nuevas superficies de ataque y nuevas necesidades de protección.
Al mismo tiempo, las compañías de ciberseguridad están incorporando IA para detectar anomalías, analizar amenazas y automatizar respuestas.
La consecuencia para el inversor es que la revolución de la IA puede entenderse cada vez más como una cadena de valor.
En su base aparecen los fabricantes de semiconductores y los proveedores de equipos necesarios para producirlos. Después llegan los centros de datos, redes y capacidad de computación. Sobre esa infraestructura se desarrollan modelos, aplicaciones y servicios. Y alrededor de todo ese ecosistema crece la necesidad de proteger sistemas, identidades y datos.
El gran riesgo: acertar con la tendencia y equivocarse con el precio
Que la inteligencia artificial o la ciberseguridad puedan crecer durante muchos años no significa que cualquier empresa relacionada con ellas sea una buena inversión a cualquier valoración.
El potencial transformador de la tecnología tampoco elimina la necesidad de mantener disciplina en los precios. Es una cuestión que trasciende a los propios fondos tecnológicos. Iván Martín, presidente y director de Inversiones de Magallanes Value Investors, explicaba en Tiempo de Inversión por qué la inteligencia artificial también se construye con acero, cobre e industria, poniendo el foco en las compañías y activos necesarios para hacer posible esa revolución tecnológica.
Los fondos analizados ofrecen un buen recordatorio de los riesgos. Allianz Global Artificial Intelligence cayó un 42,17% en 2022; DWS Invest Artificial Intelligence, un 33,62%; BGF World Technology, un 39,59%; y Allianz Cyber Security, un 41,47%.
El crecimiento estructural de una industria no elimina los ciclos bursátiles.
Las valoraciones hacen además que la selección gane importancia. David Ardura, director de Inversiones de Finaccess Value, defendía recientemente en Tiempo de Inversión la idea de un mercado para seleccionar, no para perseguir, ante las diferencias de valoración existentes entre algunos de los grandes ganadores vinculados a la IA y otras áreas del mercado.
Para un inversor que estudie estos fondos existen, por tanto, al menos cinco preguntas relevantes: qué parte de la cadena de valor está comprando, cuánto paga por ella, cuánto concentra la cartera en sus principales posiciones, qué solapamiento existe con otros fondos que ya posee y qué costes soporta por mantener la inversión.
Porque después de varios años en los que prácticamente todo el debate ha girado alrededor de la inteligencia artificial, la siguiente fase puede ser diferente.
La pregunta ya no es solamente cómo invertir en IA, sino dónde se está creando realmente el valor dentro de todo el ecosistema tecnológico.
Este artículo tiene carácter exclusivamente informativo y no constituye asesoramiento ni recomendación de inversión. Los fondos de renta variable tecnológica y los fondos temáticos pueden presentar una elevada volatilidad. Las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.









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